Jaume Aymar Ragolta

EDITORIAL juliol 2016 red

Desde la Ilustración, la razón ha regido todo el sistema de enseñanza. Se ha tratado ante todo de formar seres racionales, ilustrados. Las directrices del racionalismo han marcado los planes de estudios desde la infancia hasta la Universidad. Las asignaturas troncales de los centros se mueven por objetivos, indicativos, evidencias. Y, en mayor o menor grado, se ha caído en un racionalismo empequeñecedor. Si es cierto que “el sueño de la Razón produce monstruos”, es decir, que cuando el ser humano deja de razonar se expone a toda perversión, también la sola razón omnipresente, relega la sensibilidad y mutila el potencial creativo del que todo ser humano dispone. Es cierto que progresivamente se ha ido introduciendo en la enseñanza una formación de la sensibilidad y la belleza. Pero siempre en tono menor, en forma de asignaturas optativas o actividades complementarias: la estética casi como un adorno.

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03 MARÇ 2019 redSeñalaba Manuel Castells, en un artículo del 19 de enero pasado, que existe una auténtica “conspiración contra Europa”(1).  Según él, se está viviendo la pugna entre dos modelos culturales distintos y en muchos aspectos divergentes. Podría sintetizarse así: el modelo de la Europa más liberal, pluralista e ilustrada, puesta en jaque por los nuevos populismos xenófobos y ultranacionalistas. Estos últimos se autoproclaman defensores -a su modo- de la tradición judeocristiana, contra lo que consideran una invasión del Islam en territorio europeo. Un decidido impulsor de esta visión en Europa, según Castells, es Steve Bannon, exasesor de Donald Trump.

Cada uno de los modelos entiende de manera distinta la gestión de los intereses nacionales con el resto de los países. Pero también y sobre todo, contrastan en la comprensión de fondo sobre el ser humano, el mejor modo de construir sociedad, la familia y la relación entre hombres y mujeres. 

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