Natàlia Plá Vidal

EDITORIAL ABRIL red

Ser analfabeto, hace unos años, era un concepto bien delimitado: no saber leer ni escribir. Y por cercanía, para designar el desconocimiento y carencia de manejo de alguna disciplina, materia o habilidad. La propia complejidad de la vida contemporánea ha hecho que se fuera ampliando su espectro. Con generalizada aceptación, se habla de analfabetismo funcional. Al compás del desarrollo de las últimas décadas, se acuñó el analfabetismo tecnológico y el digital. Menos consensuadamente, algunos autores hablan de analfabetismo cultural y moral. El analfabetismo emocional aparece al hilo del desarrollo de las inteligencias. Y aún sigue ampliándose el abanico con quienes últimamente aluden al analfabetismo económico. Seguro que saben de alguno más…

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