Natàlia Plá Vidal

EDITORIAL NOVEMBRE 2016red

En esta era de la información en que navegamos, vamos tomando conciencia de sus aspectos menos gratos. Datos que nos inundan y nos abruman, novedades fugaces, continuos fogonazos en forma de titular. Recuperaba estos días una entrevista a Zygmunt Bauman de hace unos pocos años. En ella reconocía haberse dado cuenta de que el exceso de información era peor que la escasez que en su juventud había lamentado.

El mundo contemporáneo, deslumbrado por la cantidad, no atiende la importancia del conocimiento que implica la capacidad de manejar, digerir, administrar, relacionar, interpretar y, al fin, poder captar cuándo, cómo, por y para qué es realmente valioso un contenido.

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David Martínez García

04 MAIG 2019 red

La comunidad científica esta volcada en el proceso de aprendizaje de las máquinas, de cómo las máquinas pueden aprender automáticamente de sí mismas, lo que se conoce como el “machine learning”. Cuando hablamos de aprender, en este contexto, nos referimos a la capacidad de identificar patrones complejos en un mar de datos. En realidad, no es la máquina que realmente aprende, es un algoritmo que revisa los datos y es capaz de predecir comportamientos futuros.

Parece lógico estar ocupados en esta labor, pues en una sociedad en la que la reducción de costes y la eficiencia se han convertido en factores clave, disponer de máquinas u ordenadores que realicen ciertas funciones es crucial.

Pero cuáles son aquellos patrones de actividad en los que las máquinas son mejores que los humanos. Principalmente son tres: en aquellas acciones que son repetitivas, que suponen un trabajo especializado y que impliquen el manejo de datos. Cuando existen trabajos o acciones en las que coinciden estos tres factores, las máquinas indudablemente son mucho mejores y más eficientes que los humanos. Además, una vez dadas unas instrucciones, cumplen con las ordenes ciegamente y no solicitan ninguna remuneración.

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Elisabet Juanola Soria

2018 08 Octubre redA pesar de las guerras, los malos hábitos alimenticios, las hambrunas, la desertización, el cáncer, la violencia y las bajas pensiones para sostenernos en la vejez…, el promedio de esperanza de vida ha aumentado en el mundo, aunque en algunos países más notoriamente que en otros. Muchas personas se hacen mayores, bastante mayores, en muy buenas condiciones de vida.

Hace no tantos años, lo común era que una persona realizara toda su trayectoria profesional en la misma empresa, muchos aprendían así un oficio, iban mejorando las condiciones laborales a lo largo de los años y terminaban jubilando en ese lugar con mucha satisfacción de haberse desarrollado y desempeñado junto a otros que los conocían, sabían de sus fortalezas y debilidades y con quienes había compartido “toda una vida”.

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