IMG 7378 redDesde la Universitas Albertiana nos hemos adherido a la iniciativa «Marató de Silenci» http://maratodesilenci.paisconscient.cat

Creemos que los momentos actuales piden serenidad y cierta perspectiva como sociedad que nos permita avanzar hacia el bien de todos.

Desde el convencimiento de que, por el hecho de cultivar la soledad y el silencio, el ser humano se relaciona con la realidad desde la humildad de aceptarse tal como es y a la vez aceptar las circunstancias que han posibilitado su existencia.

Creemos que el silencio es una herramienta que nos lleva a transformar nuestras relaciones y a crear vínculos que favorezcan la propia aceptación y la del entorno.

Desde la Universitas Albertiana damos apoyo a la iniciativa, conscientes de la importancia que tiene para ofrecer una vía de resolución buscando la buena convivencia que todos deseamos.

Publicado en Buenas Noticias

¡Pobre noche!
¿qué han hecho
contigo?
Me traes a jirones
tu enagua de alborada.

Pobre noche, que ayer
cuando ya por la tarde atardecía,
te ibas lenta acicalando
con collares de estrellas
y medallón de Luna
bien bruñida y dorada
sobre tu mejor vestido de terciopelo
azul oscuro
sin mota de polvo ni mancha.

Pero luego, la gente sin sentido,
con sus anuncios de neuróticas
bombillas de colores estridentes
que sin cesar se encienden y se apagan,
oscurece la fina luz
de tus brillantes
y tú
¡ya no los palpas!

Los ángeles caídos
motorizados,
ruidosos,
como cuchillos rasgan
tus silencios preñados
de altísimas palabras.

Y gritos de hombres ebrios
en vanos soliloquios
que pisan sin mirar
esos volantes con encajes
hechos con luz de luna en las aceras
que tú, con gracia, arrastras.

¡Oh noche recoleta!
que te usan de mercado vocinglero
vendiendo amores de latón
y grotescas caricaturas de alegría
mientras otros ofrecen
mil alquimias exóticas
que sólo dan
fugaces sueños irredentos.

¡Qué saben los noctámbulos
que van por cuchitriles
del profundo misterio de tus flores
–jazmines, madreselvas–,
del olor de tus pliegues
–menta, hierbabuena, marialuisa
y mejorana–
que exhalan doble cuando oscuro
por tapias y senderos!

Noche ¡amiga de la infancia!
te van pisoteando
la cola de tu traje
de novia errante.
Y hasta tu escote
mancillarían
si pudiera ser su locura
tan alta.

Tengo mi buena amiga
que rescatarte.
De tanto frenesí vacío
tanta frivolidad
con que te manosean
tus tobillos de nardo
por mostradores
de Pubs,
callejas desdentadas
o en espectáculos que hieren
tu dignidad
mayor que sobrehumana.

Noche hermosa para mirarte
de ojos sin fondo, garzos
que sugieren preguntas
de difícil respuesta.

Yo vivo, sí;
pero tú, di quién eres de verdad.
¿Cuál es tu nombre exacto?
¡dónde naciste?
¡qué buscas incansable
día tras día?
¡por qué vuelves a mí
tan puntualmente
cuando al final de cada tarde
suenan a fiesta y a descanso
los relojes de cuarzo puntualísimos!

¿Quieres que te acompañe
por barrancas y soledades
o a pasear
con tu talle enlazado
por la húmeda orilla cadenciosa
del mar?
Allí donde tu camafeo
de Luna
se hace de plata.

Noche ¡vente conmigo!
lejos de la ciudad
¡deja que te rescate!
Te prostituyen,
te venden, te aniquilan,
comercian con tus horas,
manipulan tus sombras tan suaves
para perseguir y asaltar
con abiertas navajas.

Hay gente, ¿sabes?, que se muere
en las esquinas
cuando te duermes arropada
en las sábanas nuevas
que el Sol te extiende tan solícito
por tejas y terrazas.

Sí, noche.
Hoy, aún es pronto.
¡Huyamos lejos!
donde no te maltraten; donde todo sea
silencio perfumado
y luz de tus collares.
Sólo tu voz
–susurro de la brisa–
que se torna caricia cuando roza
la piel.

Nos miramos
muy despacio en un lago.
Luego allí cerca, en la hojarasca,
los dos nos dormiremos
y soñaremos a la vez,
lo mismo
hasta que canten
lejanos gallos
y los perros le ladren
al alba
para darnos el tiempo necesario
para que huyamos otra vez
a refugiarnos
bajo la luz.

Y nos citaremos de nuevo
¡oh noche amiga de mi alma!
para hablarnos a solas
y, si más no, a sentir la delicia
de ir muriendo juntos
a cada madrugada.

Alfredo Rubio de Castarlenas

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XLIº Coloquios de la Ermita.  Julio - Agosto 2018

Este año los Coloquios tuvieron una modalidad distinta, no concentrando todas las charlas en una misma semana, sino distribuyéndolas a lo largo de tres sábados en los meses de julio y agosto, para permitir la asistencia de personas que están presentes en otras fechas. 

El tema “El silencio, puerta de libertad”, muy adecuado a los objetivos fundacionales de la Ermita, incorporó tres conferencias breves, con vivo diálogo entre los participantes, a cargo de Pauline Lodder (Silencio y Creación), Remedios Ortiz (El silencio, una práctica saludable) y Tobias Rodrigues (El silencio en Jesús de Nazaret). Se celebró también en ese clima contemplativo, el Concierto de Arpa Paraguaya a cargo de Rubén Darío González, que nos regaló, con la belleza y el arte, un momento mágico de paz y sosiego. 

 

Silencio y Creación 

Pauline

Pauline Lodder hizo una hermosa meditación sobre el relato de la creación en el Génesis. Recordaba cómo Dios habla. Poco, pero habla. Y lo que dice, se cumple. O dicho de otro modo, cumple lo que dice. ¡Hemos de ser también nosotros así! Coherentes entre lo que decimos y lo que hacemos. 

Dios además contempla lo que ha hecho y confirma que está bien hecho. ¡No es perfeccionista! 

Se para a contemplar su obra. Y la bendice. Así nosotros deberíamos de pararnos de vez en cuando para ver qué hemos hecho, sin perfeccionismos, bendecir lo bueno y seguir adelante.

Y el séptimo día, Dios descansó. Dios nos invita a descansar. Al menos un día a la semana, frenar nuestro activismo. No seamos esclavos de la actividad, silenciémosla. Así seremos más libres. La auténtica libertad se inicia por un gran silencio.  El octavo día nos hace preguntarnos: ¿Qué hago con mi libertad? En primer lugar, hablar con Dios y escucharlo.

 

El silencio, un hábito saludable

PHOTO 2018 09 16 19 50 38Remedios Ortiz nos animaba a ir creando en nuestra vida cotidiana el hábito de tener espacios de silencio. Empezando por poco pero de manera perseverante, del mismo modo que se crea la buena costumbre de hacer ejercicio físico. En una sociedad donde el ruido y los estímulos son constantes en un bombardeo infinito, y la dispersión, estrés y agobio son casi normales, el silencio cotidiano es importante para la persona en su globalidad. Se recupera la serenidad, se acompasa más fácilmente la respiración, a veces después de un llanto liberador. Es un auxilio a la memoria, se cultiva la fortaleza, el altruismo, la atención al presente.

Unos consejos: empezar por tiempos breves e irlos ampliando; ayudarnos con música suave que nos vaya serenando; realizar algún trabajo manual sencillo; y sobre todo perseverar. Entonces seremos como buzos que van adentrándose en el océano y llegando a niveles más profundos de nosotros mismos. Sin miedo, y con ayuda de personas más expertas, podremos avanzar hacia una mayor profundidad en nosotros mismos y en la comprensión del mundo. Ese hábito de silencio ayuda cultivar y nutrir la dimensión espiritual de la que toda persona está dotada, independientemente de sus creencias religiosas.  En el caso de los creyentes el silencio propicia la relación  con la trascendencia a la q llamamos Dios y en el caso de los cristianos es un Dios Papá.  Para aquellos que no son creyentes el hábito del silencio será un ambiente propicio para intuir un misterio que a medida que se percibe se irá haciendo más cercano, más cálido y posiblemente se irá desvelando.

 

 

Tobias rec

El silencio en Jesús de Nazaret

El biblista Tobias Rodrigues interpeló a los participantes sobre varios pasajes del Evangelio que presentan a Jesús silencioso. Desde uno de sus momentos de oración solitaria en el monte, antes de elegir a los Doce, pasando por el episodio de la adúltera, en que escribió en el suelo y formuló sólo una pregunta, hasta el Tabor en que preparó para la pasión a sus discípulos más cercanos. Las preguntas eran: ¿por qué hacía silencio Jesús? ¿para qué lo hacía? ¿cómo lo hacía? Hubo diálogo y varias respuestas al respecto; ciertamente Jesús se iba solo para encontrarse con su Padre, para orar. También lograba, callando, que los interlocutores repensaran sus actuaciones. Y guardaba silencio, en el sentido de conservarlo dentro; no rompiéndolo de inmediato al estar acompañado. Nosotros también podemos guardar silencio y conservarlo por dentro, no teniendo que opinar de todo y sobre todo, hablando de cualquier cosa. El silencio se vuelve una manera de vivir con más humildad y conciencia de nuestros límites.

Leticia Soberón Mainero

 

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Grisácea era la tarde

y en el corazón llovían

mil cifras de calendario

de ya pretéritas citas.

 

Era, sí, muy gris la tarde

mientras se desvanecía.

¡Me fue más clara la noche

que esas horas vespertinas

que poblaban de fantasmas

mis interiores marismas!

 

¡Oh tarde sin osamenta

como una semana fría

que no tuviera domingo

ni amaneceres, ni vida.

 

Tarde vacía de pájaros,

cielo de muertas neblinas.

¡Qué larga, larga la tarde

en el tiempo detenida!

 

Solo con mi soledad

sin hacernos compañía.

Las campanas remachaban

silencios cuando tañían.

 

¡Esa tarde... esos meses,

esas lunas... esos días,

en que tú tan sólo eras

alguien en la lejanía!

 

Llégate noche que borras

con sombras de tinta china

los contornos y distancias

y huellas de los estigmas!

 

Hasta el tiempo nos parece

que como un niño dormita.

Noche, mejor no alborees

¿para qué, un mediodía?

 

En la noche todo es uno,

el mundo, a una palpita.

En la noche, sí, yo siento

que me miran tus pupilas.

 

Yo siento en lo oscuro, sí,

muy cerca tu voz amiga.

 

Alfredo Rubio de Castarlenas

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fot va14Siempre oí decir a Alfredo Rubio, inspirador de esta revista, que se necesitan ¡20 años! para que una amistad esté consolidada. Es decir, todo un itinerario con diversas etapas progresivas de entrega, confianza sin reservas, compartir todo, ser uno…

Las cosas, las personas, las realidades humanas, no son estáticas: son como son, más lo que pueden llegar a ser. El hombre, en palabras de Zubiri, es una «esencia abierta» y esto se refiere tanto a lo que ahora puede él ser como a lo que él, con el tiempo, puede llegar a ser. Muchos problemas de la amistad proceden de no tener en cuenta esa capacidad de mejorar, de madurar. Fácilmente hacemos clichés de las personas, las encasillamos en la idea fija que adoptamos de esa persona, cuando la conocimos. No nos permitimos ver la realidad tal cual se nos muestra… sobre todo cuando no coincide con la idea prefijada que tenemos en nuestra mente. Y eso, obviamente, mata la amistad o no deja que vaya ascendiendo hacia cotas de mayor plenitud. Encasillar al otro es maniatar y anular toda posible manifestación, expresión o gesto de amor y de amistad.

La amistad requiere firmar un cheque en blanco. Dar un «sí» desde el inicio. Darse al amigo y estar abierto a «su misterio». Es lo que podríamos denominar «apertura contemplativa al otro». A medida que esa amistad va madurando, se es más uno mismo. No hay que aparentar, ni mostrarse distinto a lo que se es. Ese «sí» previo es lo que posibilita sacarse las máscaras, pues uno se siente aceptado y querido tal como es. Y ese poder ser uno mismo, produce una honda vivencia de libertad y alegría. Los límites no son un impedimento para la verdadera amistad, al contrario, asumidos desde la humildad, pueden ser trampolín para crecer en una amistad más auténtica. Más que la búsqueda del perfeccionismo o el voluntarismo, puede ser mucho más fecunda una actitud de receptividad, de contemplación, de escucha y de espera.

El hombre, volviendo a Zubiri, se halla constitutivamente implantado «en» la realidad o en el ser y, por lo tanto, «religado» al fundamento de toda realidad y de todo ser. La amistad es progresiva en tanto cuanto volvemos a ese fundamento, a ese tomar conciencia de ser, de estar existiendo «en» la realidad, saborear la sorpresa de ese estar siendo pudiendo no haber sido. Es la «humildad óntica», a la cual se refería Rubio, junto con la libertad, la base para crecer como persona abierta a los otros. Es la tierra donde puede germinar y desarrollarse la amistad. Para ello, no solo para no olvidar ese fundamento sino para enraizarse en él, es necesario saber estar solo, como camino de maduración humana.  Estar uno consigo mismo para saber estar con otros. Beber de las fuentes donde se sustenta todo ser, para poder hacer donación de mi ser al amigo. Estar en silencio porque «solo a través de un silencio expresivo y efusivo puede el hombre dar de sí mismo a otro todo lo que de sí mismo puede dar» (Laín Entralgo). De otra manera no sabremos cómo avanzar en los diversos grados y modos que encierra la amistad.

Lourdes Flavià Forcada
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Elisabet Juanola Soria

EDITORIAL--AGOSTred

Las formas de organización de los equipos de trabajo han ido cambiando con los momentos históricos, esto es muy evidente, por ejemplo, con respecto a lo que acontece en nuestros días en comunicación y en movilidad. Todos sabemos que hace cincuenta, incluso veinte años, era impensable andar con un dispositivo en el bolsillo que nos conectara literalmente con el planeta; así como era impensable el intercambio migratorio y cultural que la humanidad vive. Actualmente, es un hecho que, para una gran parte de la humanidad, olvidar, perder o estropeársele el teléfono móvil es un desastre. Vivimos estamos viviendo en el presente- un positivo cataclismo comunicacional que permite cotidianamente gran simultaneidad e instantaneidad con muchas personas. Nuestros aparatos móviles nos abastecen de todo tipo de información: si va a llover, a qué distancia estamos de nuestra cita y cómo llegar a ella, noticias a la carta, mensajería…  Todo ello hace también más evidente que nunca, que somos dependientes unos de otros. 

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391229 316940281735603 685223776 nJavier Bustamante, poeta

Cuando nos abrimos verdaderamente al silencio comenzamos a percibir que realmente somos una unidad. Estamos conformados por una cantidad de materia perfectamente organizada, delimitada y orgánicamente funcional. La cual es animada por reacciones electroquímicas que obedecen a cierta información que emiten centros neuronales... Y todo esto avanzando en el tiempo, irrumpiendo en aquello que llamamos duración.

Somos seres inscritos en el espacio y en el tiempo. Sujetos a unos límites de volumen y peso que alcanzarán una duración limitada. La conciencia de estas coordenadas vitales nos abren a la percepción de una tercera fuerza o ímpetu, la de la trascendencia. Los seres humanos, conscientes de nuestros límites, vamos más allá de ellos y percibimos que podemos desplazarnos y dejar huella. Huella que muchas veces perdura más que nuestra existencia o que es capaz de llegar más lejos que nosotros en el espacio.

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Soledad y silencio en Colombia

JSS Btá No71 2650 redFue en Diciembre del año 2006  cuando se inauguraba el Espacio de soledad y Silencio en la ciudad de Bogotá (Colombia), a partir de aquel momento, que iniciaba su camino en presencia de Agustín Viñas, los primeros sábados de mes, de forma continuada se reúnen un grupo de personas que buscan espacio y tiempo para poder detenerse y contemplar la realidad.

Gracias al ambiente sereno que promueve y cuida el espacio de soledad y silencio se facilita la reflexión sobre temas que favorecen la inmersión en el interior de cada uno, adentrándose en la profundidad del ser, lo que contribuye a ser fuente de paz en una ciudad tan cosmopolita como es Bogotá.

El día 11 de Febrero de 2017 realizamos el taller número 71, conducido por Nubia Isaza, con el tema: “¡vivir resucitados! A partir de un texto de Leticia Soberón, después de leer el texto en grupo pudimos disfrutar de dos horas de soledad y silencio para poder reflexionar sobre el mismo de manera personal y poder después aportar nuestro granito de arena al conjunto en la puesta en común.

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sam 1398redLos seres humanos, como todos los entes vivos, no somos impermeables. Somos resonadores de aquello que nos rodea y, a su vez, ejercemos también influencia en nuestro entorno. Estamos íntimamente conectados formando unidad. De esto no siempre somos conscientes y nos conducimos como si fuéramos individualidades cerradas que se relacionan con mayor o menor profundidad, con el riesgo de acentuar esta característica hasta convertirla en individualismo.

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Elisabet Juanola Soria

2017 10 Octubre red

«La mayoría de las personas desean en lo más profundo de su ser, la paz», así empieza la Carta de la Paz dirigida a la ONU que la Universitas Albertiana promueve desde 1993. Esta afirmación nos invita a sincerar si somos parte de esta “mayoría” o no. Cuando el día a día se ve tranquilo, puede ser que demos por supuesto este anhelo, pero cuando no es así se ve más claro que hay personas que no la quieren y ojalá no seamos una de ellas. El mundo en el que vivimos está lleno de conflictos, a pequeña y gran escala.

Con todo, de los deseos a los hechos hay una distancia, es decir, querer la paz, no implica siempre destinar esfuerzos a cultivarla, menos todavía si la vida aparentemente funciona bien. Pero cuando no todo pinta bonito, aún siendo una prioridad, puede sorprendernos tan improvisadamente que incluso los más pacíficos pueden caer en el juego de la violencia. La construcción de la paz es un trabajo muy delicado, requiere estar siempre alerta, especialmente cuando hay crispación, estamos en peligro, o nos vemos atacados. En estos casos es más fácil actuar irresponsablemente o buscar respuestas inmediatistas cayendo en la trampa de la urgencia.

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