Alfredo Rubio de Castarlenas

Señor director:
El problema se nos viene encima y no estamos preparados para ello. Pero además, a nadie le preocupa. ¿De qué se trata?, de vivir solteros...

Las estadísticas permiten asegurar que el número de personas de uno y otro sexo no comprometidas –soltería o viudez– va en aumento y se desencadenará aún una eclosión mayor.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Vi una escena harto escalofriante en una película. Del mundo sajón, por supuesto. Era una pandilla de motoristas encuerados (no desnudos, sino cubiertos de las negras pieles bien ceñidas de sus pantalones y chaquetones). Tenían un cierto aire de extraterrestres con sus grandes cascos encasquetados llenos de reflejos metálicos. Salían a correr, con sus motos, enfebrecidas carreras (¿será otra rara fiebre del sábado?) En una curva –a esas velocidades todas las curvas son peligrosas– uno de ellos perdió el control y saltó al vacío desde un alto acantilado. Los demás, de soslayo, vieron el «percance». Pero ni siquiera aminoraron la velocidad. Siguieron. ¿Para que iban a detenerse? Seguro que el estrellamiento contra las rocas del suelo, habría sido mortal. Y tenían prisa. Para llegar, aunque no fuera a ninguna parte concreta. Acaso sólo a cualquier sitio desde el que poder regresar. Y también cabría que se preguntaran: ¿por qué hay que volver? Y exactamente, ¿a dónde?

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Parece como si hoy, en la perplejidad de la recién estrenada postmodernidad, muchos hubieran tirado la “razón” a la cuneta, fiándose más de lo brumoso, esotérico, mágico o de astrologías. Ocurre así, incluso, en gobernantes conspicuos o yuppys que deciden hacer o no un negocio según aconseje su horóscopo, comprado en el kiosco de la esquina. Confusas sectas de todo tipo... El desborde de pasiones y sensibilidades... Y la razón es, sin embargo, una joya preciosísima que hay que rescatar.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

En nuestras culturas tiene un significado distinto la reunión de estas dos palabras: hombre y grande, según que el adjetivo se ponga antes o después del sustantivo.

Decir «un gran hombre», «una gran mujer», expresa nuestra admiración hacia alguien por sus hechos o cualidades. Por el contrario, decir un hombre o una mujer grande es algo peyorativo, es señalar que este ser humano es anciano, está ya en el declive de sus facultades.

Otra cosa es cuando este adjetivo, aunque pospuesto a un nombre propio está sustantivado a su vez, cosa que ocurre con Reyes especialmente, por ejemplo: Catalina la Grande o Pedro el Grande. Aquí esta palabra adquiere aún un mayor sentido pleno de grandeza.

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Elisabet Juanola Soria

imagenredEn el centro de la educación está el estudiante. El sentido de la escuela es que el estudiante aprenda, pero no de cualquier manera, sino con calidad. Los sistemas educativos contemporáneos están en la labor de reformular los indicadores de calidad y evaluar el desarrollo personal y social de las personas, la convivencia, los hábitos, el clima escolar, la participación ciudadana, la asistencia a clase, la integración y otros. El concepto de calidad de la educación está en evolución y los países comparan prácticas y resultados exitosos de la misma. Hoy sabemos que lo que hemos llamado aprendizaje, no es solamente un tema de voluntad, inteligencia y memoria, sino que todo el entorno influye. Los establecimientos educativos, por ende, invierten en gestión del establecimiento, formación de los docentes, gestión académica, gestión comunitaria, participación, convivencia. El mundo educativo está actualmente en una reflexión y evaluación permanente.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Sufría yo porque una persona de la casa trabajaba mucho. Unos por otros se dejaban de hacer cosas, por ocupaciones exteriores, más o menos reales o aleatorias, por los caracteres de los individuos, falta de organización, una cierta resistencia por piques personales, etc. Las cosas que había que hacer en la casa, ya se hacían, sí, pero raspando los límites de cuando ya no había más remedio que hacerlas, muchas veces forzados por las visitas que podían venir o sabíamos que venían. Las horas de las comidas, desajustadas y tarde. Todo el día, o casi, nos lo pasábamos hablando de lo que había que hacer, pero no se acababa de hacer bien y del todo. Y además, estas conversaciones, a veces con cierta agitación, acritud y hasta alfilerazos verbales, quitaban la paz y la sosegada alegría que tendría que tener toda casa.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

En el siglo XVIII, después incluso de siglos, se produjo la eclosión de la llamada “Ilustración”. Era ésta un salir por los fueros de la razón, frente a todos los oscurantismos, supersticiones, fundamentalismo y rémoras de falsas conclusiones de las ciencias hasta entonces, etc.

Todo este legado histórico había que filtrarlo por la lógica, la seria experimentación, y restantes instrumentos que la razón puede ofrecer.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Señor Director: Me animo a dirigirme a usted sobre un tema de total vigencia: sobre la Influencia. Influir o dejarse influir es como una enfermedad -nada leve- de la libertad.

A primera vista, puede ser como una gripe, incómoda; pero, en apariencia, no mortal. Y sin embargo, puede ir carcomiendo y agotando irreversiblemente al ser humano. Toda influencia, metiéndose dentro de uno, rebaja nuestra plena libertad. Entonces, nuestras acciones no alcanzarán la categoría de acto humanos, pues éstos han de ser lúcidos y libres.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Hoy, en bastantes partes de nuestro planeta, se acepta, al fin, la total igualdad del hombre y la mujer en su dignidad humana. Y se aceptan, asimismo, las consecuencias sociológicas que de ello se derivan: acceso de la mujer a todos los niveles, tanto en la educación, como en los campos profesionales, así como en la igualdad de oportunidades y retribución, etc. Y se les abren, de par en par, las puertas de la investigación científica, del arte, de la política...

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Alfredo Rubio de Castarlenas

El tema de esta Cena queda justificado por muchos motivos:

- ¡La juventud oye música! y los jóvenes son el futuro. Hasta por las calles circulan, con sus walkmans. Unos escuchan música moderna, modernísima, pero también recuerdo cómo llenan, por ejemplo, el maravilloso recinto gótico del Hospital de la Santa Cruz en noches de verano al aire libre para aplaudir a intérpretes excelentes de música clásica. Las Juventudes Musicales... Cómo llena nuestro Palau de la Música.

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