Alfredo Rubio de Castarlenas

Durante los últimos milenios, ha predominado, como base de la sociedad, la prepotente familia patriarcal en versión más o menos amplia, y aún perdura, con sus luces y sombras, en grandes partes del mundo. Forma conveniente al nomadismo y a la cultura ganadera, lo fue también para la era agrícola, engendradora de patrimonios aún más dilatados y estables. Esta organización familiar se fundaba sobre todo en la consanguinidad. Con gran frecuencia, era, a la vez, empresa económica de ámbito doméstico para la supervivencia y desarrollo de sus componentes. Incluso los desposorios eran determinados, generalmente, más por los intereses mutuos de las respectivas familias que por el amor de los propios contrayentes.

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contemplarJavier Bustamante, Poeta

Los primeros días en que comenzamos a hacer un tipo de ejercicio nuevo, experimentamos en el cuerpo ciertas sensaciones o dolores. Descubrimos que hay músculos y nervios que no conocíamos, de los cuales no éramos conscientes hasta que los ejercitamos más de lo habitual. Y, sin embargo, siempre han estado ahí. Y siempre han hecho, más o menos, el mismo movimiento, sólo que en menor intensidad.

La novedad despierta la consciencia. Y la novedad no implica siempre, por ejemplo, hacer un nuevo camino. En ocasiones, la novedad reside en recorrer el mismo camino, pero con una intención diferente. Intenciones inéditas como una rutina de ejercicios, Pilates, yoga, danza, una competición, una larga caminata… hacen de mi cuerpo –ese de siempre– un escenario nuevo.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

¿Qué tema es hoy básico en la sociedad, para alumbrar una convivencia más justa y gozosa? Desesclavizar definitivamente a la mujer.

El Dr. Alfredo Rubio de Castarlenas fue dando respuesta a ese interrogante en la conferencia que, bajo el título «La mujer 2000» pronunció el pasado mes de Abril en la Casa de Teatro de Santo Domingo. Recogemos a continuación algunos de los puntos
que desarrolló.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

El ejemplo más claro de que los hombres puedan hacer algo parecido a lo que se expresa con el verbo crear, es procrear: engendrar un hijo, a quien un día deberá depositar de pie en medio del mundo.

Hoy se habla por todas partes de paternidad responsable.

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Jordi Cussó Porredón

democracias en medio de la tormenta red

El mundo vive momentos de incertidumbre y de mucha tensión, que originan manifestaciones y convulsiones sociales. En oriente y en occidente, por distintas razones, todo se mueve y no siempre de una manera pacífica, como todos desearíamos. Recuperando los apuntes de una conferencia que hace años impartió el profesor R. Panikkar y que llevaba por título: "Fundamentos de la democracia: fuerza y ​​debilidad", recopilo algunas anotaciones:

"Que todos somos iguales es un dogma débil. Somos diferentes y tenemos que encontrar un sistema de "la polis”, que tenga en cuenta la diferencia, y que no nos quiera igualar por la ley. Si hay una gran diferencia económica, no puede darse la democracia. Hay que pasar de una cultura de la guerra (sentido amplio) a una cultura de la Paz: un nuevo cultivo del espíritu humano que no se base en la competitividad, sino en la diversidad y el pluralismo, en el reconocimiento de nuestra contingencia, es decir, no tener una visión absoluta que pueda juzgar al otro. Sistemas de pensamiento que son incompatibles entre sí se necesitan entre sí, a pesar de que no se entiendan. No hay un esquema único, unitario y válido para todo el mundo. No podemos centralizar ninguna forma de poder, ni ninguna forma de vida".

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Alfredo Rubio de Castarlenas

El Consejo de Ministros ha vuelto a poner sobre la mesa el tema del divorcio civil. Junto al problema de la despenalización del aborto, son dos cuestiones que el español medio tiene planteadas con gran preocupación por su trascendencia en la familia.

El Presbítero Alfredo Rubio de Castarlenas, doctor en Medicina, profesor de Teología Moral de la Facultad de Teología y ex profesor moral de la Facultad de Medicina de Barcelona, aborda ambas cuestiones con sus conocimientos como teólogo y médico.

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verso librísimo, como
dicen que es la Estatua
de la Libertad

Hay gente que organiza
con interés,
un viaje muy largo,
cruzando por los aires silenciosos
mares y mares.
Pero luego al llegar
tienen ya tan cansados
los pies y el alma
que se quedan dormidos
profundamente
en el Hotel de medio pelo,
hasta mediodía, –o más–
Y dejan
el conocer ese desconocido
mundo, para más tarde, por la tarde
o por la noche.
Pero a las 4 post meridium
lo cierran todo ya
–los Museos y el corazón–.
La gente presurosa
camina y desconfía
del que en la acera
aún sin querer les roza...
Y todos, pronto,
se encierran en sus casas
iluminadas tan discretamente
con luces bajas
y suave música.
Los llegados de lejos
se sienten cual perdidos
y desamigados por las “Streets”
tan llenas sin embargo
de seres que seguramente
son también del género humano.
Además en marzo y en esa hora
vesperal, hace frío,
rachas de viento helado
empujan por la espalda.
Y las sombras aún hacen más sombrías,
las caras de las gentes morenas.
Resultan todavía
más enigmáticas,
ignotas,
que hablan inglés –quizá español–
con sus acentos raros,
ininteligibles...
¿A dónde ir?
Los llegados de fuera
son tan desconocidos
que acaso sean invisibles.
para los transeúntes.
Nadie se fija en ellos
ni a nadie importaría
que se sentaran, muertos,
–cual si fueran espantapájaros–,
encima de cualquiera
de los gruesos tubos de agua
que hay por doquier
para los “Fair-men”.
Buscan entonces
estos parias tan foranísimos
regresar al Hotel
en Subway o en un bus
¡como sea! a pie incluso
a pesar de la posible distancia
o de las muchas “Avenues”
siempre interpuestas.
No interesa ya
según parece
ni las luces multicolores
y cambiantes de los anuncios
ni los escaparates vocingleros
ni las multitudes arracimadas
de la Calle 42
en su cruce con Broodway;
ni los borrachos mal hablados
en sus lenguas hispánicas.
Tampoco las larguísimas,
extrañas limusinas
ni los románticos
y anacrónicos “coches de caballo”
–porque sólo tira un caballo–
conducidos por aurigas de largo abrigo
con esclavina.
Ya no interesa nada
a estos viajeros
ni tienta ningún espectáculo
que reservaran de antemano.
Casi del todo les hastía
lo que hayan visto una vez
aunque fuera muy fugazmente.
¡Sí! ¡Al Hotel!
a buscar en él la calefacción
–a pesar de ser leve–;
y aquel cobijo
–aunque sea hierático–
de la desangelada
seguridad del aislamiento.
Olvidarse de uno oyendo algo,
la insulsa música
de los 13 –¿o acaso más?–
canales de Televisión.
Y los bolsillos
bastante más vacíos a pesar
de no haber hecho nada
–o casi–
y haber sólo comido
un “sándwich”, una pizza,
o un poco de soja
en sucios restaurantes (?)
chinos, sin water ni lavabo.
Y así, echarse
de nuevo en la extranjera cama
y volver a dormir,
más cansados aún por lo visto
las piernas y también el pensamiento,
sin ánimo siquiera para un rato
de honda conversación.

¿Para qué? ¿para qué
tanto esfuerzo –y trozos de vida–
tan sólo para dormir, –mal–
lejos, en otra parte?

Alfredo Rubio de Castarlenas

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Las familias, los gobiernos, gastan muchísimo dinero para que los hijos, los ciudadanos, puedan estudiar, es decir desarrollar su inteligencia y llenarla de contenidos útiles para los propios estudiantes y la sociedad. Colegios, institutos, universidades y tantos otros centros educativos de diverso tipo.

No cabe duda que en este campo todo esfuerzo de personas e instituciones es muy loable. Incluso es de desear, se incremente. Pero, ¿basta con eso?

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Josep M. Forcada Casanovas

2020 01 GENERredParece habitual dominar a los demás como una forma de poder, incluso se acepta como algo normal. En el deseo se produce un fenómeno que es el de creer que lo deseado ya es una realidad conquistada. Ya de pequeños se observa el afán posesivo de querer lo que tienen los otros, desde un caramelo a una bicicleta; y de mayores se consolida este propósito bajo diferentes formas, que van desde una espontaneidad inocente hasta cometer abusos, incluso criminales.

Es fácil considerar que emocionalmente se pide algo que no es tuyo, pero si se elabora un proceso sofisticado se llega a creer que se tiene derecho a algo que poseen los demás. Se produce la paradoja de confundir un sueño con una realidad. En el fondo, hay un fuerte deseo de sentirse satisfecho ya sea por ambición o por envidia.

El deseo espontáneo, sin el tamiz de la serena reflexión, habitualmente se convierte en una grave locura de consecuencias impensables. Prever y valorar el bien y el mal que puede producir en uno mismo y en la sociedad, requiere grandes dosis de sensatez, o mejor dicho de madurez humana. Podemos pensar en la realidad que lleva a graves consecuencias, como por ejemplo la relación afectivo-sexual, en la que a menudo se produce un deseo de poseer al otro o a la otra, que de manera rápida no posibilita una reflexión sobre el bien que ha de producir el contar con la libertad entre ellos. Muchas personas, sin ser conscientes de sus deseos impulsivos, dominan a otras hasta llegar a desvirtuar la amistad y ahogar la libertad de los demás.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Si un niño naciera en la selva, fuera abandonado y por azar creciera cuidado por los animales como nos cuenta Kiplin, devendría una fiera más. Los sicólogos añaden que a los siete años de edad, sería ya irrecuperable como persona humana.

Si un náufrago se salva y sobrevive solo en una isla inhabitada, su temple se sostendrá a base de los recuerdos y de su cultura. Gracias a ellos podrá dialogar, al menos, consigo mismo como un Robinson Crusoe.

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