Natàlia Plá Vidal

EDITORIAL-ABRIL-02

Para los apresurados que no tienen tiempo de leer: recuerden esta frase que alguien regaló a Albert Espinosa: «“Llego 10 minutos tarde” es un epitafio muy absurdo.» ¡Vivan! Pero ¡vivan de verdad! Que ya está bien de sucedáneos con las cosas importantes.

Para el resto, seguimos.

La lógica de la vida no es alcanzar una cifra desorbitada en una cuenta de resultados. Tampoco es perseguir un fin con tal obsesión que se pase por alto el camino. Muchos han compartido —con un grado de certeza vital que conmociona— que el secreto de la vida está en el vivir. Que el placer y el sentido se hallan en el trayecto y no, única o necesariamente, en la meta.

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Natàlia Plá Vidal

EDITORIAL NOVEMBRE 2016red

En esta era de la información en que navegamos, vamos tomando conciencia de sus aspectos menos gratos. Datos que nos inundan y nos abruman, novedades fugaces, continuos fogonazos en forma de titular. Recuperaba estos días una entrevista a Zygmunt Bauman de hace unos pocos años. En ella reconocía haberse dado cuenta de que el exceso de información era peor que la escasez que en su juventud había lamentado.

El mundo contemporáneo, deslumbrado por la cantidad, no atiende la importancia del conocimiento que implica la capacidad de manejar, digerir, administrar, relacionar, interpretar y, al fin, poder captar cuándo, cómo, por y para qué es realmente valioso un contenido.

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Natàlia Plá Vidal

EDITORIAL ABRIL red

Ser analfabeto, hace unos años, era un concepto bien delimitado: no saber leer ni escribir. Y por cercanía, para designar el desconocimiento y carencia de manejo de alguna disciplina, materia o habilidad. La propia complejidad de la vida contemporánea ha hecho que se fuera ampliando su espectro. Con generalizada aceptación, se habla de analfabetismo funcional. Al compás del desarrollo de las últimas décadas, se acuñó el analfabetismo tecnológico y el digital. Menos consensuadamente, algunos autores hablan de analfabetismo cultural y moral. El analfabetismo emocional aparece al hilo del desarrollo de las inteligencias. Y aún sigue ampliándose el abanico con quienes últimamente aluden al analfabetismo económico. Seguro que saben de alguno más…

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Jaume Aymar Ragolta

imatge editorial febrer red

En el semanario La Vanguardia del pasado 7 de febrero hay un reportaje que lleva por título “Tanco els ulls i torno a l’Ebre”. Su protagonista es Joaquim Oller Viladrosa, superviviente de la “quinta del biberón” que el 20 de octubre cumplirá 96 años. Cuando lo movilizaron tenia 17 años y seis meses. El autor del reportaje, Domingo Marchena, después de la conversación con Oller, describe con viveza: “el silvido de la metralladora, el vuelo bajo de los aviones, el picor de los piojos, grandes como granos de arroz, y la escasez de comida y la sed angustiosa, eran tan poderosas que a veces se sobreponían, incluso al miedo omnipresente. Miedo a que te mataran o de haber matado, de morir de tifus, que te confundieran con un desertor, que te fusilaran por derrotista, después de haber desertado”.

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Joaquim Planasdemunt Tobeña

2018 01 gener redEl 9 de diciembre del 2017 leíamos con sorpresa en el periódico El País: “El mercado de futuros de Chicago estrena contratos de bitcoin. Es el reconocimiento oficial por parte del mayor operador con derivados del mundo de que la moneda virtual está para quedarse (…).” Esta noticia relacionada con la rentabilidad y el crecimiento de esta moneda se suma a las muchas que han ido apareciendo los últimos meses. Lo que apunta que conviene hacerse una idea de las características de esta nueva moneda, para luego presentar algunas de las incógnitas de futuro y controversias que incorpora

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Elisabet Juanola Soria

2019 12 Desembre redEn la editorial del mes de octubre de 2019, se planteaba el desafío de un salto cualitativo de la democracia, un cambio en el paradigma organizativo de la sociedad tal como la hemos vivido hasta ahora. La coyuntura mundial nos está colocando en el lugar preciso de darlo, se ve abismante, un gran salto, un nuevo orden. A pesar de que venimos diagnosticando hace mucho que el sistemanecesita cambios profundos, todavía no tenemos soluciones y es como si no nos atreviéramos a decir en voz alta lo que tendría que suceder, o quizá... no lo logramos imaginar, no logramos permitirnos pensarnos de otra manera.

Vemos peticiones muy concretas que apuntan al término de absolutismos ocultos y abusos de poder del sistema, esa es una pista muy clara de lo que queremos como sociedad. Cualquier estructura, casi por el hecho de serlo, es cuestionada, los lazos, los vínculos se construyen en confianzas. Esa es otra pista.

¿Qué es lo que tiene que cambiar?, ¿dónde nos apoyamos?, ¿para construir qué?

Haciendo un ejercicio imaginativo en clave de ciencia ficción, si tuviéramos la posibilidad de vivir en un mundo ideal, ¿cómo lo imaginamos?, ¿cómo haríamos el trazado de las avenidas de una sociedad cero quilómetros?, ¿qué es lo que ya no sirve y hay que soltar?

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David Martínez García

2018 04 Maig redNormalmente asociamos la caridad con una de las tres virtudes teologales. Sin embargo, también se utiliza el término caridad para definir un sentimiento que impulsa al individuo a ser solidario con los que le rodean.

Normalmente, cuando ejercemos la caridad utilizamos la técnica de los dos bolsillos, en uno ponemos el dinero que ganamos y, desde este, traspasamos al otro bolsillo el dinero que vamos a destinar para dar respuesta a nuestro sentimiento de responsabilidad social, a la vez que tranquilizamos nuestra conciencia.

Desde un punto de vista económico, podríamos trazar una línea imaginaria que enlazara la caridad con la rentabilidad. En un extremo estaría el afán por optimizar la rentabilidad de nuestras inversiones y en el otro, estarían aquellos recursos que vamos a destinar a la solidaridad de los cuales no esperamos obtener ningún tipo de retorno.

Desde hace un tiempo ha surgido la idea de que es posible encontrar un punto medio entre ambos extremos; donde se considera que pueden llevarse a cabo inversiones en proyectos que conlleven un impacto social pero que no deben, necesariamente, ser objeto de una donación o estar exentas de rentabilidad. Es decir, se considera que es ético ser solidarios a la vez que obtener una cierta rentabilidad de dicho acto de generosidad.

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Leticia Soberón Mainero

EDITORIAL JUNY 2016 web res

Las democracias en el mundo, aún dentro de sus distintos grados de avance y estabilidad, están atravesando un momento de crisis muy visible. La corrupción que sale a la luz por todas partes debilita la fuerza del vínculo de confianza que ha sustentado hasta ahora a los sistemas democráticos.  Y el supuesto antídoto que están usando aspirantes a políticos -como Donald Trump- es el discurso populista: emotivo, cargado de lugares comunes y prejuicios y cómplice de las tendencias más primarias de la población, lo cual es peor que la enfermedad a la que pretende poner remedio.

Todo ello se expresa en unas campañas y unos “diálogos” entre candidatos que son casi caricaturas de un auténtico debate político. Aquí querría señalar algunas claves para deliberar con seriedad en cualquier otro foro público, y que a mi ver deberían enseñarse en las escuelas para elevar la calidad de la democracia en cualquier país.

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Jaume Aymar Ragolta

EDITORIAL juliol 2016 red

Desde la Ilustración, la razón ha regido todo el sistema de enseñanza. Se ha tratado ante todo de formar seres racionales, ilustrados. Las directrices del racionalismo han marcado los planes de estudios desde la infancia hasta la Universidad. Las asignaturas troncales de los centros se mueven por objetivos, indicativos, evidencias. Y, en mayor o menor grado, se ha caído en un racionalismo empequeñecedor. Si es cierto que “el sueño de la Razón produce monstruos”, es decir, que cuando el ser humano deja de razonar se expone a toda perversión, también la sola razón omnipresente, relega la sensibilidad y mutila el potencial creativo del que todo ser humano dispone. Es cierto que progresivamente se ha ido introduciendo en la enseñanza una formación de la sensibilidad y la belleza. Pero siempre en tono menor, en forma de asignaturas optativas o actividades complementarias: la estética casi como un adorno.

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 Natàlia Plá Vidal

man 1156543 640redNoviembre es siempre de referencia a San Alberto Magno y ocasión para darle una vuelta a la cuestión del saber, del conocimiento. Precisamente por lo albertiano, tal reflexión ha de estar bien encajada en el contexto. Porque lo característico de Alberto era conciliar los saberes de la época.

La primera implicación que eso tiene es que no se debe menospreciar ningún tipo conocimiento, ningún saber. Esto es valioso en un momento cultural como el nuestro, con gran facilidad para dejarse seducir por lo que deslumbra (aunque sea una hoguera de vanidades, un mero fuego de hojarasca).

La otra cara de esta misma moneda es reconocer la limitación de todo tipo de conocimiento. Por valioso que sea, nunca es último, definitivo ni suficiente. No es solo una limitación por su alcance, sino por sus posibilidades. Ninguno de los distintos tipos de saberes nos dice todo acerca de algo. Seguramente, ni siquiera nos dice lo suficiente.

Es algo equivalente a lo que la separación de poderes pretende en el ámbito de la vida política: garantizar que unos limiten a otros para no ceder a demasías ni desvaríos o, dicho a la inversa, lograr una mayor justicia a través de la intervención de distintos enfoques.

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