Elisabet Juanola Soria

2019 12 Desembre redEn la editorial del mes de octubre de 2019, se planteaba el desafío de un salto cualitativo de la democracia, un cambio en el paradigma organizativo de la sociedad tal como la hemos vivido hasta ahora. La coyuntura mundial nos está colocando en el lugar preciso de darlo, se ve abismante, un gran salto, un nuevo orden. A pesar de que venimos diagnosticando hace mucho que el sistemanecesita cambios profundos, todavía no tenemos soluciones y es como si no nos atreviéramos a decir en voz alta lo que tendría que suceder, o quizá... no lo logramos imaginar, no logramos permitirnos pensarnos de otra manera.

Vemos peticiones muy concretas que apuntan al término de absolutismos ocultos y abusos de poder del sistema, esa es una pista muy clara de lo que queremos como sociedad. Cualquier estructura, casi por el hecho de serlo, es cuestionada, los lazos, los vínculos se construyen en confianzas. Esa es otra pista.

¿Qué es lo que tiene que cambiar?, ¿dónde nos apoyamos?, ¿para construir qué?

Haciendo un ejercicio imaginativo en clave de ciencia ficción, si tuviéramos la posibilidad de vivir en un mundo ideal, ¿cómo lo imaginamos?, ¿cómo haríamos el trazado de las avenidas de una sociedad cero quilómetros?, ¿qué es lo que ya no sirve y hay que soltar?

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Jordi Cussó Porredón

foto red

Se ha hablado mucho de las actitudes pacifistas fundamentales en la no-violencia. El hombre que ha caracterizado esta postura ha sido Ghandi y su lucha no violenta, en la India. Otros hombres y mujeres de nuestro siglo, con su testimonio, y a menudo entregando la propia vida, han sido referentes de esta actitud no violenta. El movimiento pacifista ha sido uno de los granes hallazgos del siglo pasado y es vigente, más que nunca, en los tiempos que estamos viviendo.

Parece que el pacifismo sea contrario a la violencia, que sean dos términos incompatibles. Pero me parece que tenemos que recuperar la palabra violencia, ya que no podremos alcanzar la paz sin una cierta violencia. Con la violencia pasa algo parecido que con los conflictos. Violencia significa fuerza, energía, e igual que el término conflicto, es una realidad neutra, ni mala ni buena, es necesaria para la vida de cada día. Hacemos violencia cuando tenemos que salir del bagón del metro, todo el mundo entra y se nos puede pasar la parada. Cuando los padres hacen presión insistente para encontrar un lugar en la escuela para su hijo, que realmente lo necesita. Cuando hacemos huelga de hambre o cuando hacemos una acampada delante de un estamento oficial para reclamar más justicia.

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03 MARÇ 2019 redSeñalaba Manuel Castells, en un artículo del 19 de enero pasado, que existe una auténtica “conspiración contra Europa”(1).  Según él, se está viviendo la pugna entre dos modelos culturales distintos y en muchos aspectos divergentes. Podría sintetizarse así: el modelo de la Europa más liberal, pluralista e ilustrada, puesta en jaque por los nuevos populismos xenófobos y ultranacionalistas. Estos últimos se autoproclaman defensores -a su modo- de la tradición judeocristiana, contra lo que consideran una invasión del Islam en territorio europeo. Un decidido impulsor de esta visión en Europa, según Castells, es Steve Bannon, exasesor de Donald Trump.

Cada uno de los modelos entiende de manera distinta la gestión de los intereses nacionales con el resto de los países. Pero también y sobre todo, contrastan en la comprensión de fondo sobre el ser humano, el mejor modo de construir sociedad, la familia y la relación entre hombres y mujeres. 

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