Natàlia Plá Vidal

EDITORIAL NOVEMBRE 2016red

En esta era de la información en que navegamos, vamos tomando conciencia de sus aspectos menos gratos. Datos que nos inundan y nos abruman, novedades fugaces, continuos fogonazos en forma de titular. Recuperaba estos días una entrevista a Zygmunt Bauman de hace unos pocos años. En ella reconocía haberse dado cuenta de que el exceso de información era peor que la escasez que en su juventud había lamentado.

El mundo contemporáneo, deslumbrado por la cantidad, no atiende la importancia del conocimiento que implica la capacidad de manejar, digerir, administrar, relacionar, interpretar y, al fin, poder captar cuándo, cómo, por y para qué es realmente valioso un contenido.

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 Natàlia Plá Vidal

man 1156543 640redNoviembre es siempre de referencia a San Alberto Magno y ocasión para darle una vuelta a la cuestión del saber, del conocimiento. Precisamente por lo albertiano, tal reflexión ha de estar bien encajada en el contexto. Porque lo característico de Alberto era conciliar los saberes de la época.

La primera implicación que eso tiene es que no se debe menospreciar ningún tipo conocimiento, ningún saber. Esto es valioso en un momento cultural como el nuestro, con gran facilidad para dejarse seducir por lo que deslumbra (aunque sea una hoguera de vanidades, un mero fuego de hojarasca).

La otra cara de esta misma moneda es reconocer la limitación de todo tipo de conocimiento. Por valioso que sea, nunca es último, definitivo ni suficiente. No es solo una limitación por su alcance, sino por sus posibilidades. Ninguno de los distintos tipos de saberes nos dice todo acerca de algo. Seguramente, ni siquiera nos dice lo suficiente.

Es algo equivalente a lo que la separación de poderes pretende en el ámbito de la vida política: garantizar que unos limiten a otros para no ceder a demasías ni desvaríos o, dicho a la inversa, lograr una mayor justicia a través de la intervención de distintos enfoques.

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Jaume Aymar Ragolta

2017 06 JUNY 01 redSe acaban de celebrar en la Barcelona, llamada también la Ciudad Condal, (6 y 7 de junio) las jornadas “Elias Rogent y Barcelona: arquitectura, patrimonio y restauración”. En ellas se han presentado 21 ponencias de expertos en arquitectura, arte y patrimonio en las que se han analizado diversos aspectos de las obras del arquitecto Elias Rogent Amat  (Barcelona, 1821-1897). Rogent estudió en la Escuela de Arquitectura de Madrid y, desde 1871, fue director de la Escuela Provincial de Arquitectura de Barcelona. Entre otras obras realizó el edificio histórico de la Universidad de Barcelona (1863-1882) y el Seminario Conciliar de esta ciudad. Llevó a término la restauración de los claustros de Sant Cugat del Vallés y de Montserrat, así como la reconstrucción del monasterio de Ripoll y su claustro. Dirigió también las obras de la Exposición Universal de 1888, un acontecimiento que proyectó Barcelona al mundo y que se realizó en un tiempo récord. Rogent fue maestro de Lluís Domenech y Montaner, el artífice del Hospital de San Pablo y del Palau de la Música, y era compañero de Antonio Gaudí, el arquitecto, entre otras obras, del Templo de la Sagrada Familia. Es considerado un patriarca de la arquitectura catalana.

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Jordi Cussó Porredón

Universidad de Salamanca Escuelas Mayores

Hace unos cuantos días leía que las primeras universidades eran como asociaciones privadas impulsadas por hombres que se propusieron el cultivo y la difusión de la ciencia. Esto me llevaba a pensar si hoy no podríamos recuperar esta idea inicial de universidad y ser capaces de crear asociaciones de personas dispuestas a cultivar la ciencia y a difundirla a través de los distintos medios que la tecnología pone a nuestro alcance.

Asociaciones o entidades que se olviden de dar títulos y de pedir reconocimientos oficiales, para cobijarse bajo unas estructuras mínimas que permitan reunir personas a pensar, dialogar y, después, dar a conocer el fruto de esta reflexión con la esperanza de que estas ideas reviertan provechosamente en la sociedad. De hecho, a primera vista, parece que no sería muy complicado recuperar esta concepción de universidad y aplicarla a nuestros dias.

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