Clemente Junior, Tito,
río de vida y luz.
Sueñas muchos caminos
¿cuál de ellos será
el que se torne vivo?

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A Antonio Calimeri, buen amigo,
es gozo, sabes bien, volver a verte.
¡Y en Phelps! (aunque la nieve nos alerte)
en vez de España cuando luzca el trigo.

Siempre seguro fue viajar contigo.
Pero en esta andadura sin moverte
que ahora emprendes camino de la muerte
con tanta vida, aún mejor te sigo.

Que al hallar esa Casa, amplia y sola,
–como encuentra la arena cada ola–
unes bien tu entusiasmo con tu calma.

Y así has logrado la alta maravilla
de conocer a fondo, milla a milla,
el Free way hacia Dios, quieta tu alma.

Alfredo Rubio de Castarlenas

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Hoy por la mañana, en este mes plenamente primaveral, al abrir el balcón uno siente que el cielo azul y ya iluminado, se le entra por los ojos y hasta el fondo del alma. No hace frío, tampoco calor; sólo un fresco agradable que vivifica. Y una bandada de primeras golondrinas rasga, como pequeñas tijeras, esa seda azul. Uno respira, y reinventando a ese poeta de la generación de los cincuenta, exclama levantando los brazos: ¡Cuánto Abril! No recuerdo de qué poeta se trataba: ¿Angel Valente, Bousoño? Me lo recitó un día por la calle, el periodista y musicólogo Federico Sopeña. Le bastó decir muy poco: dos palabras. Sin embargo, este es un verso lleno de plenitud, más breve aun que los «haí-kaí» de la poesía japonesa.

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hqdefaultRamon Llull es un místico y sabio nacido en Mayorca en el siglo XII y muerto hace 700 años a muy avanzada edad. Ramon, después de un proceso de conversión, decidió dedicar su vida a difundir el mensaje de Jesús, convenciendo a toda persona acerca de la verdad que él había encontrado. Llegó a escribir una cantidad enorme de libros y a traducirlos él mismo para propagar sus enseñanzas. A través de la combinación de valores y virtudes elaboraba razonamientos y señalaba evidencias que querían convencer sobre las verdades cristianas.

Uno de los libros que redactó y que contiene una fuerte intensidad mística es el Libro de Amigo y Amado. Este libro es una colección de aforismos o pensamientos breves, muchas veces redactados en diálogo, que evocan la relación del ser humano y Dios. En estos aforismos se exponen situaciones donde se cuestiona qué es y cómo es el amor de Dios -el Amado- hacia la persona -el Amigo- y viceversa. El camino del místico es encarnar la unión con Dios. En este sentido, el Libro de Amigo y Amado, nos hace mirarnos en el espejo del Amigo para contemplar cada uno nuestra relación con el Amado.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

En los años 20 se veían, por los paseos de Barcelona, hombres más bien medio ancianos, mal vestidos, pobres que se ganaban unas pesetas –de entonces– llevando pendientes de sus hombros por unas anchas correas, unos grandes anuncios, tanto por la parte delantera de su cuerpo, como por detrás. A veces esos carteles pegados sobre recios cartones o delgadas maderas, llegaban hasta el suelo de manera que si el portador era más bien bajito, les hacía tropezar al andar Ramblas arriba, Ramblas abajo, Paseo de Gracia hacia la montaña, Paseo de Gracia hacia el mar.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Querría, ya desde el comienzo de mi ponencia, puntualizar claramente que milagro moral es milagro «en sentido estricto». Como iré señalando e insistiendo, milagro moral es un hecho sensible extraordinario, que tiene una verificación histórica o al menos biográfica y, que trasciende las normas de conducta del ser dotado de inteligencia y de libertad. El hecho del milagro moral está por encima del poder de cualquier sujeto; sólo Dios –que bien puede servirse de las causas segundas– está en posesión del poder para realizar milagros, ya se trate de milagros físicos, ya morales. Tiene significado religioso, carácter de signo, al igual que el milagro físico.

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Chiu-chiuTodo tiempo está habitado por Dios y nos ha caído en suerte vivir en unos momentos radicalmente apasionantes dentro de la historia del mundo. O amamos el tiempo en el que nos toca vivir o lo perdemos irremediablemente, perdiéndonos también a nosotros mismos. Amar profundamente el mundo en el que uno vive es algo necesario y deseable en toda persona viviente, pues cada época es la única posibilidad que existe para cada uno. Desde el plano objetivo hay certezas de que este momento presente encierra realizaciones y posibilidades de un interés extremo, más ricas que las de otras muchas épocas pasadas. Si bien es verdad que el mundo, el de todos los tiempos, está lleno de las huellas de Dios, el mundo presente ofrece peculiaridades inéditas que no se han dado en tiempos anteriores; exceptuando un particular momento, dado en una época muy lejana, que ahora parece estar produciéndose de nuevo.

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Señor, porque te amo, no te temo.

Y por saberte a Ti mi defensor

tampoco temo al mundo ni al dolor

ni al que me venga a atacar blasfemo

 

aunque me sienta solo en un eremo

pues no es así, que siempre estás, Señor,

muy cerca en el desierto atronador

al igual que en los mares mientras remo.

 

No te temo, Señor, porque te amo

ni temo a nadie porque en Ti confío

ni a ninguna traición, porque te llamo

 

y sé que estás, pues nunca te alejaste.

No te temo, Señor, porque eres mío

y sé que para esto me creaste.

 

Alfredo Rubio de Castarlenas

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Paco Núñez, embajador de Dios

en medio de los hombres cotidianos.

No tienes tiempo para asuntos vanos

¡Siempre de tus ovejas vas en pos!

 

Dios y tú, al unísono los dos,

corre y corre por esos campos llanos

convocando a la gente con las manos

¡con el alma! y los dos, a una voz.

 

No te detengas ¡sigue sin cansarte!

cada vez más veloz y más ligero.

¡Llegar al Cielo es el supremo arte!

 

El Cristo apocalíptico te llama.

Llegarás desangrado y roto, pero

de alta Caridad, hecho una llama.

 

Alfredo Rubio de Castarlenas

 

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Con motivo del 17 de abril de 1985

 

Déjame Juan Miguel que te rescate

que para empeños nuevos te preciso.

Sin ti, yo no sabría donde piso,

si en firme piedra o barrizal que abate.

 

Juntos, mejor oiremos donde late

hervor de Dios por bajo el suelo liso.

¡Hagámoslo brotar con el permiso

de la Altura! ¡Que nadie lo arrebate!

 

Nuestra Señora, fuente de Alegría,

cobije a los que lleguen con su clara

esperanza sin vana algarabía.

 

Sepamos darles nuestra mano abierta

y sólo la sonrisa en nuestra cara

¡así caldearán su alma yerta!

 

(Luego habrá fiesta; sonarán las flautas

de aquella dulce narración de Cristo

con que nos llama a las divinas pautas (*)

¡por el solo hecho de decir existo!)

 

Alfredo Rubio de Castarlenas

 

(*) llamando a todos a divinas pautas

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