Poesía

Ya tienes veinte años
Alberto.
Se tiene una vez
solamente a lo largo de la vida,
aunque se tienen
para siempre en el Cielo.

¿Te acuerdas
–amigo grande–
cuando de chicos íbamos al circo?
Había aquellos hombres
que montaban sobre una sola rueda;
recorrían frenéticos la pista,
parecía que iban a caerse
¡y no caían!

En un home nascut a la ribera

que porta molt endins tota la mar.

Des de petit s‘enfila ja a estimar

tot l’estètic amb suau passió sincera.

 

Vivint de ple, fa llarg camí i carrera:

saber dels grecs amb Fe prou conciliar

i ploma ben tallada per pintar

–quan descriu– cada cosa tal com era.

 

Gran mestre historiador de formosura

que és cànon del passat i alhora esclat

de tot allò que del no res ens sura.

 

Arreu veu la bellesa Jaume Aymar!

Com diu el seu cognom, viu extasiat:

ai, núvols, brises! oh, verds-blaus! Ai! ...mar!

 

Alfredo Rubio de Castarlenas

Buen Jesús, treinta y tres años viviste
en el mundo ruin de los humanos
y a cambio de tus hechos sobrehumanos
las más viles injurias recibiste.

Me detuve un momento
paseando esta tarde
frente a la cristalera inmensa
de un escaparate.
Con letras muy serias, doradas:
“Antiquites” “Antigüedades”.

Tú siempre en el mar, en el mar.
Sólo los duros bloques
de piedra de los muelles
donde se acarician los barcos,
donde se asientan las gigantes grúas.

A Miguel Ángel García Fernández

excelente pintor que hace aflorar
y hace recibir.

En los retratos vas, de vez en vez,
más allá de cualquier ropaje vano
que no hay nada más grande en cuanto humano,
que aun vestido, quedar en desnudez.

El propio retratado se es juez
al no sentir ya nada en el arcano
que el pensamiento se le ve en la mano
y el corazón se le subió a la tez.

En la página blanca de la tela
crea sonoridades tu pincel
y al que pues posa ante ti lo haces canción

del gozo de existir como una estela
que desde el cuadro entrara por su piel.
¡Salvar a los que pintas es tu don!

Alfredo Rubio de Castarlenas

que siente luz de vocación en su horizonte
en su cumpleaños

Tienes hoy, ya veinte años.
Cuarta parte de la vida.
No es poco. Tampoco mucho.
Es la alborada del día.
¡Muchas horas por delante
te quedan para vivirlas!
Mañanas de sombras nuevas,
aplomados mediodías;
atardeceres que mueren
al suave toque de vísperas.
Muchos otoños e inviernos
–fríos en el alma fría–
primaveras y veranos
de esperanzas redivivas.
¡Cuánto te queda de andar
hacia esa luz que te brilla!
Mas no cejes ni te canses
muchacho, que así es la vida.

Alfredo Rubio de Castarlenas

Hoy es tu Santo, Tante bien querida

de todos en la Casa de Santiago.

Por esto, un Soneto yo te hago

ahora que la Luna está encendida.

 

La Fiesta del Dolor ya convertida

en esplendor de Gloria, sin amago

de sufrimientos, hecha toda un lago

que tan sólo refleja Cielo y Vida.

 

De Casablanca ya joyer (?) de Fez

viniste para hablarnos de mil modos

con alma y mano firme a la vez

 

envuelta en luz y suavidad de guante.

¡Bien has sabido aconsejar a todos

al buen albur del corazón, oh Tante!

 

Alfredo Rubio de Castarlenas

Por mí, Jesús, tomaste mi sudario;
de Criador, te hiciste criatura,
¡sacro torrente de infinita altura
que al chocar con la roca del Calvario