El transhumanismo, ¿una alternativa a nuestras limitaciones como seres humanos?

David Martínez García

EDITORIAL-octu-2015red

Desde que el hombre tiene uso de razón, una de sus principales preocupaciones ha sido siempre cómo mejorar su calidad de vida y de qué manera afrontar su finitud. La religión y la filosofía han realizado importantes aportaciones a lo largo de la historia, tanto respecto a la inquietud trascendente de los individuos, como a la aceptación de las propias limitaciones.

Sin embargo, en este momento de nuestra historia, la evolución tecnológica que estamos viviendo puede empezar a cambiar, tanto el concepto de supervivencia, como la manera en que hayamos de afrontar nuestras limitaciones físicas a lo largo de nuestra vida cada vez más longeva.

Si durante el siglo XX se hablaba de criogenizar los cuerpos de personas que sufrían una enfermedad irreversible con el objetivo de descongelarlas cuando se hubiera encontrado un remedio a su enfermedad, el siglo XXI se está consolidando como el hito de la historia donde el ser humano podría llegar a superar la barrera de la muerte.

En concreto, se considera que hacia el año 2030, la combinación de robótica, biotecnología e inteligencia artificial, abrirán un amplio abanico de posibilidades al ser humano que le permitirán vencer enfermedades incurables actualmente, mejorar las capacidades físicas e intelectuales, reparar internamente nuestros cuerpos o traspasar el funcionamiento de nuestro cerebro a un ordenador que reproduciría virtualmente su funcionamiento.

¿Qué es lo que empuja al ser humano a caminar en esta dirección? Existen evidentemente factores ligados a la voluntad de supervivencia del individuo y del interés por mejorar su calidad de vida e intelecto, pero la clave reside principalmente en lo que se denomina “la Singularidad”. La Singularidad es un término que acuñó, en 1993, el científico y escritor Vernor Vinge y ha sido popularizado por Raymond Kurzweil a raíz de la publicación de su libro La Singularidad está cerca.

Con Singularidad se hace referencia a aquel punto de la historia, donde las máquinas superarán a los seres humanos y a su vez estas máquinas crearán nuevas máquinas cada vez mejores y más superiores. Parece por tanto, lógico, que el ser humano no quiera quedarse al margen de la evolución de las máquinas y, por tanto, tienda a buscar una hibridación entre el cuerpo biológico y la máquina, creando lo que se denominan post-humanos. Así pues, la evolución y perfección de esta hibridación daría lugar al transhumanismo.

Para ver cuán cerca se encuentra esta predicción, basada científicamente en la Ley de More, respecto de la realidad, no hace falta más que analizar la creación de la Universidad de la Singularidad situada en Silicon Valley y creada por empresas e instituciones tan punteras como Google y la Nasa. La Universidad de la Singularidad no es una universidad al uso que imparta carreras universitarias, o un “think tank” donde se debate sobre posibles tendencias, sino que su finalidad está centrada en la investigación focalizada en el alcance de la Singularidad Tecnológica.

La idea del transhumanismo nos puede parecer descabelladla a simple vista, o quizás una utopía imposible de alcanzar. Sin embargo, algunos de los principales avances de la medicina, la neurobiología, la robótica, la biotecnología o la impresión 3D y 4D, están haciendo presentes en nuestras vidas ciertas premisas transhumanistas.

La utilización de la cirugía plástica para conseguir un cuerpo perfecto, la selección de embriones para generar un embarazo, el diagnóstico prenatal con el objetivo de discriminar embriones que conlleven malformaciones, la creación de órganos humanos a través de impresoras 3D, la modificación neuronal para tratar enfermedades psicológicas, las operaciones quirúrgicas mediante la utilización de robots de alta precisión, etc.

Todo ello, independientemente de un gran número de cachivaches, como son los smartphones, navegadores, relojes que gestionan tu salud y tu vida, gafas inteligentes y múltiples accesorios tecnológicos a los que el individuo puede acceder y que casualmente cada vez están más cerca del cuerpo. El paso a integrarlos dentro de nuestro propio organismo no está lejos. ¿No es esto el principio de una hibridación del hombre con las máquinas?

Visto que detrás de esta filosofía transhumanista se encuentran importantes intereses económicos, no es de extrañar que los principales avances no estén tanto al servicio del bien común como de priorizar los intereses de las personas que estén dispuestas a pagar por ello.

Muy interesantes son las reflexiones de tipo moral, antropológico y filosófico que están apareciendo respecto a este tema. En este sentido, algunas de las preguntas sin resolver que dejaría el transhumanismo sobre la mesa serían: ¿Podemos identificar el transhumanismo con la felicidad? ¿Qué pasaría con todos los seres humanos “imperfectos” o con limitaciones que pudieran tener acceso al post-humanismo? ¿Cuál es el sentido de vivir eternamente? ¿Mejorar al individuo físicamente querrá decir mejorarlo también ética y moralmente?

En definitiva, independientemente de las percepciones que tenga cada uno sobre el camino que seguirá el transhumanismo, lo que está claro es que la evolución tecnológica nos está ayudando indefectiblemente a mejorar nuestras limitaciones biológicas. No obstante, la gran pregunta es si el alcance de la Singularidad Tecnológica nos ayudará también a mejorar como seres humanos.

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