La belleza, canto de misterio

swans 5159767 1920La NASA al iniciar la carrera espacial, envió al espacio unas señales de radio, como unas «señales en morse», con la esperanza de que fueran captadas por seres inteligentes de otros planetas. Después sustituyeron estas señales y enviaron al espacio sideral composiciones musicales. La música de Beethoven, Mozart y otros autores más modernos, suena en medio de las estrellas. Los científicos creen que los seres inteligentes que escuchen unas señales de radio podían pensar que simplemente eran vibraciones de algún material espacial, de alguna constelación incandescente. Pero, si estos seres captaban la armonía de sonidos de la música, se darían cuenta de que aquello no era sólo un fenómeno meramente material, sino que expresaba un latido, una creatividad fruto de una inteligencia. Al descubrir el lugar de procedencia de estas notas musicales, sabrían que en el planeta Tierra, no sólo hay piedras, agua, vegetales, animales; sino que debe haber también un ser muy especial, capaz de crear esa música, expresión de una inteligencia llena de emotividad.

Esto me lleva a pensar que, si nos detenemos a contemplar el universo, descubriremos en él, una belleza desbordante. Hay gran cantidad de formas inesperadas, sorprendentes, preciosas en toda la creación, que van más allá de su pura funcionalidad o utilidad. Cuánta belleza en el fondo de los mares, en las montañas, en la via láctea, y en las cosas más pequeñas e insignificantes. ¡Cuánta belleza que nos cautiva y nos transciende por su magnanimidad!

Pero ni la flor, ni el sol, ni el mar, ni las estrellas, ni las montañas, ni cualquiera de los animales que pueblan la tierra, han podido diseñar las maravillas que manifiestan. Esta maravillosa estética es como una música del universo, que nos hace pensar que debajo de cualquiera de las fuerzas de la naturaleza, tiene que haber alguna inteligencia que se expresa a través de la belleza universal. Detrás de esta belleza, cálida, viva y palpitante, hay un Ser, capaz de expresarse a través de esta «armonía musical» que es la belleza que nos rodea.

Ahora que vivimos la Pascua, tiempo de luz y de sol, que podemos de nuevo pasear por el campo y las ciudades, es un buen momento para volver a admirarse de tantas cosas que nos rodean. Sin dejar de ver la miseria y el mal en nuestro mundo, saber ir más allá, contemplar, para sentir la música que resuena en el interior del mundo y de nosotros mismos. Este silencio armonioso que al ser contemplado nos hace vibrar y emocionar.

La encarnación empezó con el llanto de un niño en una cueva de Belén. Y ese llanto, era un fragmento musical, que nos invitaba a contemplar el ser humano como la pieza más perfecta y preciosa de esta gran partitura que es el universo. Admirarnos con nuestro hermano, dejarnos llenar de su presencia. No importa de dónde viene este hermano, el llanto de un niño no depende del color de su piel ni de cuál sea su país de origen, es igual en toda la tierra. Es sólo la apertura de una gran obra musical que nos invita a participar de la gran aventura de la existencia, para que sea armoniosa y llena de belleza. Este llanto se convertirá más adelante en el tono de un canto coral: “amémonos unos a otros, que no hay nada más bello que una libertad inteligente y capaz de amar”. Y finalizará con un éxtasis musical, la nueva Vida, la gloria de Dios que todo lo inunda de luz y de vida.

Jordi Cussó Porredon 

Publicado en Revista RE

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