Soneto Navideño

Con estrambote de persistente rima.


Parece que las cosas y la gente
se remansan llegando Navidad.
Una pequeña luz de Caridad
nos titila en el fondo suavemente.

Uno a todos, saluda sonriente
y hay un eco de paz en la ciudad.
Viene de lejos, de lejana edad,
mas siempre fresco, íntimo y clemente.


¡Oh, Navidad! Milagro sostenido
de año en año y centuria tras centuria:
Vivo grano de trigo enternecido,


un granito de sal y luz de estrella.
Huye con gran pavor toda la furia
y así la noche quédase aún más bella.


Y en el dulce silencio del relente
en esta cómplice nocturnidad,
¡Gloria a los cielos -se oye de repente-
y a los hombres de buena voluntad.


Alfredo Rubio de Castarlenas

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