Alfredo Rubio de Castarlenas

¿Qué tema es hoy básico en la sociedad, para alumbrar una convivencia más justa y gozosa? Desesclavizar definitivamente a la mujer.

El Dr. Alfredo Rubio de Castarlenas fue dando respuesta a ese interrogante en la conferencia que, bajo el título «La mujer 2000» pronunció el pasado mes de Abril en la Casa de Teatro de Santo Domingo. Recogemos a continuación algunos de los puntos
que desarrolló.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Los juristas, en nuestra cultura, han llevado adelante la defensa de los derechos de la mujer. Han sido espoleados –a veces agriamente– por los diversos movimientos feministas, más o menos iracundos.

Las legislaciones de nuestros «países occidentales» casi han alcanzado, en esta cuestión, la perfección deseada. Aunque por supuesto no se haya logrado todavía del todo, en la práctica, el ejercicio de esos derechos por las mujeres inmersas en una sociedad llena aún de rémoras y prejuicios.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Hoy, en bastantes partes de nuestro planeta, se acepta, al fin, la total igualdad del hombre y la mujer en su dignidad humana. Y se aceptan, asimismo, las consecuencias sociológicas que de ello se derivan: acceso de la mujer a todos los niveles, tanto en la educación, como en los campos profesionales, así como en la igualdad de oportunidades y retribución, etc. Y se les abren, de par en par, las puertas de la investigación científica, del arte, de la política...

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¿Por qué estas exclamaciones? Porque allá por los años treinta del siglo pasado – o sea, hace unos ciento cincuenta años– ese artilugio perfeccionado posibilitó el magno descubrimiento de que el varón no era el semidios que portaba en sí los hijos en semilla y que los sembraba en la mujer, que era como la madre tierra al igual que el que esparce granos de trigo. No. Resultaba que el hombre era solamente portador de media semilla. Y la mujer no era tan sólo tierra más o menos fecunda o baldía, sino que ella portaba también otra media semilla.

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