Alfredo Rubio de Castarlenas

Se acaban de celebrar en Huelva, unas Jornadas para presentar la celebración del Hemimilenario del llamado «Descubrimiento de América» y su Evangelización.

Los etnólogos y antropólogos parecen estar de acuerdo al afirmar que el Homo Sapiens no surgió en el continente americano.

Mandíbulas y otros restos del hombre primitivo han aparecido en África, Asia y hasta Europa. Eso quiere decir que los indígenas que Colón y sus acompañantes encontraron en América, eran descendientes de los que habían «descubierto» ya este novísimo continente americano.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Una reciente Cena Hora Europea ha seguido un vívido recuerdo y homenaje al ejemplarísimo Dr. Jordi Gol, que nos dejó hace poco, tan repentinamente. Se trató un tema muy entrañablemente suyo. Había escrito en un libro: «hoy no sabemos muy bien qué es ser médico mientras nos vamos volviendo estrictos técnicos y nos olvidamos del hombre». A él, le gustaba definirse «médico de personas».

Hoy está surgiendo el revival del “médico de familia” como un avezado y cordial director de orquesta de este concierto –o desconcierto– de tantos especialistas y especialidades. Se le pide que abarque totalmente al enfermo; que escuche, ausculte, su profundidad humana. Que sea a la vez preventólogo e intensificador de la misma salud; que conozca no sólo al paciente, sino también su entorno.

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¿En cuántas ocasiones hemos asistido a la queja y al comentario por parte de alguien que se lamentaba de no haber sido atendido y escuchado en sus demandas o expectativas por parte de otras personas? Es una situación que podemos comprender porque la vivimos todos en mayor o menor grado.

La escucha en las relaciones personales no suele ser frecuente. En el ambiente familiar los padres se quejan que los hijos adolescentes no los escuchan, los hijos confiesan que los padres no se enteran de sus problemas. Las personas mayores se lamentan de no ser entendidas y creen que molestan cuando hablan de sus historias. En el mundo sanitario también se sufre este problema.

La comunicación es fundamental para establecer relaciones sociales, y la escucha un elemento básico y poco considerado de esta comunicación. Dedicamos mucho tiempo a hablar y hablar pero no sabemos hacer un hueco en nuestro interior para acoger el mensaje de nuestros interlocutores.

Saber escuchar es una habilidad que precisa de conciencia, empatía, atención plena y paciencia, para tratar de comprender la realidad del otro, sus puntos de vista.

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Una escucha que acoge, genera confianza y cercanía, propicia un cambio positivo en quien está expresando algo personal; se siente comprendido, se establece un vínculo más fuerte con el interlocutor y le ayuda a expresarse libremente tanto en sus palabras como en sus sentimientos.

En el ámbito sanitario, la comunicación con el enfermo o personas que consultan sobre su salud requiere de una escucha afinada, dadas las circunstancias de dolor y debilidad que habitualmente acompañan a nuestro interlocutor.

El miedo, la incertidumbre, la angustia, el desconcierto son sentimientos que envuelven el motivo por el que se consulta; en este escenario, el profesional sanitario con sus conocimientos científicos y aplicando sus habilidades en la escucha activa, puede intervenir como facilitador para que el paciente y el contexto familiar puedan ir aceptando la enfermedad, reducir el miedo y ayudar a la toma de decisiones. El trabajador sanitario, además de aportar información que permite comprender el problema, tiene en sí mismo un efecto sanador sobre el paciente, por el hecho de hacerlo sentir escuchado.

Son muchos los profesionales de la salud que reclaman disponer de un tiempo razonable, sin presiones externas, para dedicarlo a una escucha atenta del paciente, con una anamnesis y exploración física precisa, que en muchos casos aportarán información valiosa para resolver consultas sin necesidad de pruebas complementarias. Con frecuencia la petición de pruebas diagnósticas responde a una demanda insistente por parte del paciente y a la falta de tiempo para lograr una comunicación efectiva que le convenza de que no son necesarias.

El diálogo sosegado nos permite entender cómo es el paciente, distinguir entre la demanda por la que consulta y los motivos más profundos que le hacen enfermar, que con frecuencia están enmarañados y afloran progresivamente, en consultas sucesivas. La práctica médica debe cultivar la aptitud para reconocer e interpretar las situaciones difíciles e intentar tejer un relato que dé significado a cada historia clínica.

En las últimas décadas surge una corriente liderada por médicos, denominada medicina narrativa. Este modelo trata de complementar a una tecnomedicina deshumanizada, y se enfoca en una atención personalizada que tiene en cuenta la historia clínica particular con las necesidades de cada persona. A través de la narración se busca dar sentido, contexto y perspectiva a la experiencia de enfermar, se facilita la integración de los diversos puntos de vista de todos los agentes que participan en la atención a la persona enferma. Una buena comunicación en la relación médico-paciente facilita que los consejos y cuidados del médico, sean acogidos por el enfermo con diligencia e interés, aceptando activamente la gestión de su propia salud y la experiencia de enfermar.

Remedios Ortiz
Publicado en la Revista RE
Abril de 2018

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enronEn el apasionante mundo de las relaciones humanas uno de los capítulos más interesantes –y vitales- es la salud de los grupos que conforman la sociedad. La manera como se establecen los vínculos entre las personas marca un estilo en cada grupo humano y pueden contribuir a la construcción de la sociedad o, por el contrario, provocar su deterioro. Cuando digo “salud” me refiero a un tipo de relación que favorezca el desarrollo libre y armonioso de los miembros y del grupo en sí. Que alimente el sentido de pertenencia sin recurrir al dominio o el chantaje. Lo contrario de los grupos sanos son las mafias y las sectas. Aunque la familia es el núcleo fundamental para la mayoría de las personas, son también importantes las asociaciones o clubes, esas formas intermedias entre la familia y la sociedad de masas. No olvidemos que en los últimos 25 años se ha multiplicado geométricamente el número de las ONG’s, asociaciones de voluntariado, clubes deportivos o de otros hobbies, partidos políticos, sindicatos y comunidades informales, ampliados y diversificados con las redes sociales. Para movernos en ellos, ¿cuáles podrían ser unas notas mínimas que garantizaran unas relaciones saludables? Propongo aquí unas que me parecen fundamentales para cualquier tipo de grupo.

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Josep M. Forcada Casanova

Área de Medicina Global

En medicina existen unos términos clásicos muy descriptivos, procedentes de la etimología latina y griega. Expresan la esencia de la personalidad que ha dejado de estar sana: infirmitas (latín) que significa endeble, no firme, o no sólido; pathos (griego), quien padece o sufre, y eutimia (griego), bienestar  y el contrapuesto, distimia, malestar. Son constantes las referencias a la salud. Desde el saludo: ¿Cómo estás?, que se pregunta por la salud, hasta la personal preocupación por defenderse de la enfermedad. También la búsqueda del bienestar o del sentirse bien es lo habitual en toda persona. Quizá quien se halla en la normalidad es quien no padece enfermedad pero además goza de un profundo bienestar.

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salud relativoHoy la cultura médica no se puede aislar de las otras ciencias: de la física, de la química, de la biología, de la ética, etc. Prácticamente no puede hacerlo de ninguna otra ciencia, y por supuesto de las llamadas alternativas –pero científicas-, que ayudan a enriquecer la ciencia médica y a su vez la hacen más humilde. Tampoco se puede separar la medicina de la tecnología o de la informática. Este enriquecimiento al servicio de la persona –enferma o sana, que siempre tiene posibilidades de enfermar- debe conducir a una actitud más real y más humana. Pero, quizá, la clave de esta disposición humilde debe enraizarse en la conciencia de que el objetivo de la medicina es la persona realmente existente e irrepetible.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

El tema de esta Cena queda justificado por muchos motivos:

- ¡La juventud oye música! y los jóvenes son el futuro. Hasta por las calles circulan, con sus walkmans. Unos escuchan música moderna, modernísima, pero también recuerdo cómo llenan, por ejemplo, el maravilloso recinto gótico del Hospital de la Santa Cruz en noches de verano al aire libre para aplaudir a intérpretes excelentes de música clásica. Las Juventudes Musicales... Cómo llena nuestro Palau de la Música.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Dios para unos, la madre naturaleza para otros, nos han regalado el sueño. El sueño reparador, cobijado por el mayor silencio y la mayor oscuridad de la noche.

La misma tierra bajo nuestros pies, nos ofrece su horizontalidad para el descansado olvido de nosotros mismos. Para soñar dormidos o en duermevela.

Sólo cuando una persona haya dormido profundamente y vaciado todo el pantano de sueño acumulado durante la actividad de las jornadas, es cuando se levanta renovada con ánimo prístino, con fuerzas límpidas para emprender con gozo y eficacia una nueva, que es otro gran regalo que se nos hace.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Todo el mundo sabe qué es el sadomasoquismo. Películas, televisión, periódicos, nos hablan de él con frecuencia. No digamos los psicólogos, los sexistas o la panoplia de los «sexshops».

Pero todo ello no es más que la punta que aflora de un inmenso iceberg cuando, en cambio, podíamos creer que sólo eran manifestaciones aberrantes de muy pocas personas. Las Asociaciones que han surgido recientemente para acoger y defender a tantas esposas maltratadas o a niños verdaderamente martirizados por sus padres, nos ponen en alerta sobre la extensión de este fenómeno, ya se manifieste de una manera u otra. Y eso tampoco es todo.

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Estos hechos me fueron referidos por una amiga radicada en otro país. Soy yo quien les da la forma narrativa, pero no me pertenecen. Sin embargo estoy convencido de que vale la pena compartirlos. Mi amiga me llamó para vernos después de un año de ausencia y me contó en primera persona lo que sigue.

Chico adolescentered

«Sólo ahora me siento capaz de dar forma a esta historia, después de seis meses de intensas conversaciones, silencios repentinos, decenas de alarmantes mensajes de móvil y más de una noche en blanco. En cierto modo tenía desde el principio un final feliz; pero su protagonista está en el laborioso proceso de descubrirlo, esquivando los muchos obstáculos que tiene para ello. Se trata de un joven de 16 años que hasta hace poco tiempo tenía lo que puede llamarse una vida normal. Vamos a llamarlo Arturo. Aficionado al cine, deportista ocasional, genio de las tecnologías, buen chico y muy amiguero. Tengo con sus papás una sincera amistad desde antes de que se casaran, y sé bien la terrible frustración que los asaltó cuando supieron que no podrían engendrar hijos. Decidieron recurrir a la procreación asistida, que falló varias veces hasta que “adoptaron” un embrión congelado perteneciente a una pareja que, al haber engendrado en el primer intento, no necesitaba el resto de sus embriones. El embarazo, para sorpresa del equipo médico, transcurrió más o menos normalmente. Arturo nació prematuro y con bajo peso, pero sano y pujante. Vivió. Y al crecer se fue granjeando el cariño de todos los amigos de la familia.

Cuando cumplió 16 años, siendo un jovencito despierto y más maduro que el resto de sus compañeros, sus padres pensaron que merecía conocer la verdad sobre su origen. Aquella noche, dijo su madre, es como si le hubieran dado un mazazo en la cabeza. Estaba aturdido y el impacto no le permitió reaccionar. Ellos lo miraban preocupados, sin saber si seguir hablando o callar. Durante varios días pareció volver a la normalidad, pero evitaba las conversaciones prolongadas, parecía más ausente y distraído que de costumbre. Una noche llegó a casa muy tarde, casi de madrugada, ebrio y sucio. Me llamaron y fui de inmediato.

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