Jaume Aymar Ragolta

EDITORIAL juliol 2016 red

Desde la Ilustración, la razón ha regido todo el sistema de enseñanza. Se ha tratado ante todo de formar seres racionales, ilustrados. Las directrices del racionalismo han marcado los planes de estudios desde la infancia hasta la Universidad. Las asignaturas troncales de los centros se mueven por objetivos, indicativos, evidencias. Y, en mayor o menor grado, se ha caído en un racionalismo empequeñecedor. Si es cierto que “el sueño de la Razón produce monstruos”, es decir, que cuando el ser humano deja de razonar se expone a toda perversión, también la sola razón omnipresente, relega la sensibilidad y mutila el potencial creativo del que todo ser humano dispone. Es cierto que progresivamente se ha ido introduciendo en la enseñanza una formación de la sensibilidad y la belleza. Pero siempre en tono menor, en forma de asignaturas optativas o actividades complementarias: la estética casi como un adorno.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Parece que este título queda muy decimonónico, de cuando surgió la fe total y grandísima, precisamente, en la Razón. Incluso, introduciéndola como diosa en la catedral de Notre Dame, París. Se creyó que la Ilustración, con la Razón, resolvería todos los problemas gracias a su técnica y llevaría a la Humanidad a un indefinido progreso que daría la felicidad a la gente. Pero esa ensoberbecida Razón ha llevado a las peores guerras, a las peores injusticias y a las peores masacres.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Parece como si hoy, en la perplejidad de la recién estrenada postmodernidad, muchos hubieran tirado la “razón” a la cuneta, fiándose más de lo brumoso, esotérico, mágico o de astrologías. Ocurre así, incluso, en gobernantes conspicuos o yuppys que deciden hacer o no un negocio según aconseje su horóscopo, comprado en el kiosco de la esquina. Confusas sectas de todo tipo... El desborde de pasiones y sensibilidades... Y la razón es, sin embargo, una joya preciosísima que hay que rescatar.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

En el siglo XVIII, después incluso de siglos, se produjo la eclosión de la llamada “Ilustración”. Era ésta un salir por los fueros de la razón, frente a todos los oscurantismos, supersticiones, fundamentalismo y rémoras de falsas conclusiones de las ciencias hasta entonces, etc.

Todo este legado histórico había que filtrarlo por la lógica, la seria experimentación, y restantes instrumentos que la razón puede ofrecer.

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