Alfredo Rubio de Castarlenas

El Consejo de Ministros ha vuelto a poner sobre la mesa el tema del divorcio civil. Junto al problema de la despenalización del aborto, son dos cuestiones que el español medio tiene planteadas con gran preocupación por su trascendencia en la familia.

El Presbítero Alfredo Rubio de Castarlenas, doctor en Medicina, profesor de Teología Moral de la Facultad de Teología y ex profesor moral de la Facultad de Medicina de Barcelona, aborda ambas cuestiones con sus conocimientos como teólogo y médico.

Publicado en Artículos

Alfredo Rubio de Castarlenas

¿Recordáis aquel cuadro de Manet, padre de los impresionistas franceses, representando una pareja de campesinos que detenida la faena del campo (él gorra en mano), recogidos en oración, lejos en el horizonte la silueta difuminada de un campanario sobresaliendo de unos amazacotados tejados pueblerinos que apenas se adivinan? El título de este lienzo es: «La hora del Ángelus». En aquel atardecer parece que sólo se oyen las campanas, que hasta el viento ha cesado para que no haya otro ruido sobre las mieses en siega.

Publicado en Artículos

Alfredo Rubio de Castarlenas

Jesús nos dijo: «Siempre estaré a vuestro lado». Seguramente conocen ustedes aquella narración de una persona que seguía muy de cerca a su vez, las pisadas de Jesús. Pero al mirar un día hacia atrás el largo camino recorrido en la playa, vio que había trechos en que sólo se distinguían en la arena, las pisadas de una persona. Se dió cuenta además que esto ocurría en los tiempos, en que había tenido muchas penas y disgustos. Se atrevió a decirle a Jesús: ¿Cómo en esos trances me abandonaste? Jesús le respondió: «Las huellas solitarias que ves, son las mías. Precisamente en aquellos momentos de tribulación tuya, te llevaba en brazos, aunque tú no te dabas cuenta». ¡Qué hermoso estímulo esta respuesta del Señor para seguirle con premura y cercanía! Sin embargo, en nuestra vida siguiendo a Jesús, llegamos a una encrucijada en que sus pisadas se nos esfuman y no sabemos por dónde ir. Esto sucede cuando alcanzamos el pie de la cruz. Sólo vemos el hoyo del recio madero clavado en la tierra. ¿Cómo seguirle entonces?

Publicado en Artículos