Alfredo Rubio de Castarlenas

Como sabéis, «RE» es precisamente la sigla de Realismo Existencial. Esta Revista –se ha dicho varias veces en sus Editoriales y Artículos– es portavoz de esta «manera de ver las cosas, el mundo y a nosotros mismos». Y no desea ser ajena al humor (Berna, nuestra excelente dibujante, es un testimonio), pero sin caer en el arañazo de la ironía o del mordisco sarcástico que revelan una posición de menosprecio y orgullosa.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

1– Este ensayo de antropología filosófica desea ser fiel a su enunciado. Es decir, el esfuerzo de nuestra razón –y sólo nuestra razón– frente a ese ser que llamamos hombre o mujer. Al menos para tratar de percibir y ahondar, en lo posible, una parte de ese problema, la que nos parezca más importante o urgente. Intuimos que pretender abarcar todos los problemas que nos plantea esta realidad humana de modo exhaustivo es algo que supera nuestra razón que, por ser nuestra, es limitada como todo lo que me constituye.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Ponencia presentado por Alfredo Rubio en las Xª Jornadas Interdisciplinares «Adolescentes de los 90. Abrir caminos a la paz», celebradas en diciembre de 1989 en Barcelona, organizadas por el Ámbito de Investigación y Difusión María Corral.

I.- Se ha dicho que filosofar es «algo» referente al ser y que la historia de la Filosofía es la historia de las distintas interpretaciones del ser.

Pues bien, el Realismo Existencial es, en este campo, también un esfuerzo del razonar. Esfuerzo que desea mantenerse, ante todo, dentro de las estrictas posibilidades de la misma razón. Es decir, sin recurrir ni invocar nada que pueda estar más allá de ella, como serían las creencias, fueran las que fueran.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

La ontología es, propiamente, una parte de la llamada metafísica. La ontología – tratado del ser– es tan lícita como la matemática. Nuestra razón puede, ciertamente, abstraer aspectos de la realidad. De las matemáticas, por ejemplo, el número. Y estos conceptos podemos transformarlos aún en conceptos más generales, y hasta expresarlos por unas letras, elaborando así una ciencia algebraica: determinar las leyes de las ecuaciones, los logaritmos, los factoriales... Claro está que un matemático que fuera ciego de nacimiento, al aplicar luego las reglas generales de la suma, por ejemplo, a unas naranjas, podría decir: tres naranjas más dos naranjas, igual a cinco naranjas; pero no por ello sabría cómo es la naranja, la maravilla del color oro viejo que tiene esa fruta en medio del follaje del naranjo.

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