IMG 4612El jueves 21 de octubre el Àmbit Maria Corral celebró la 221 Cena Hora Europea, la primera del curso, para tratar sobre la fortaleza para avanzar moderada por Natàlia Plá, formadora de la Universitas Albertiana.

La primera aportación fue a cargo de Jep Alcalde, abogado y afectado de esclerosis múltiple, que compartió su experiencia de la enfermedad, diagnosticada hace diez años, del tipo recurrente-remitente, actualmente en fase secundaria progresiva, es decir, cada día está un poco peor. A pesar de que ha cambiado su vida y la de su familia, ha aprendido a no luchar contra una enfermedad crónica y degenerativa: «mi esfuerzo es intentar a cada instante seguir aprendiendo a vivir y convivir con la enfermedad, como una oportunidad de crecimiento y de ir más allá, siempre con amor y humor. Con buen humor por dignidad conmigo mismo y con quienes me rodean. Aprender a hacer de la enfermedad mi amiga». Para él, la enfermedad es condición de posibilidad de la existencia, si no la tuviera, no sería él. También remarcó como fundamental el valor de la experiencia de la resiliencia: «no sólo resistir y lograr el equilibrio inicial, sino aprovechar la situación adversa para aprender a rehacerme, a construirme y superar la situación inicial, crecer y madurar». Para acabar, resaltó que es importante dejarse querer, ya que «de esta manera aprendes a vivir viviendo, desde la plena conciencia de la contingencia, y a descubrir la enfermedad con gozo como una magnífica oportunidad para aprender a mirar y disfrutar de la vida con otra mirada, que me haga feliz tanto a mí como a quienes me rodean».

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Muchas religiones hablan de la humildad como un camino a la perfección. Esto parece, de pronto, un contrasentido. ¿Lo ínfimo dará la plenitud?

Pero, aún reflexionando sólo con nuestra razón, acompañada de nuestro bien querer, llegamos a percibir que no está tan desviada esta manera de ver y de sentir, por mucho que creyéramos que nuestra perfección consistiría preferentemente, en la grandeza según el modo de apreciar de las gentes. Y cuanta más grande fuera nuestra grandeza, mejor.

Sin embargo, la humildad, nos dicen algunos entendidos, es la verdad. Si es así, el devenir humildes no sería nunca nada malo, ya que la verdad la deseamos todos, siempre. Bueno... casi siempre.

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¡Todo un Dios dentro de mí!
¿Cómo vinisteis, Señor,
si tanta gloria y honor
yo jamás los merecí?

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Dios para unos, la madre naturaleza para otros, nos han regalado el sueño. El sueño reparador, cobijado por el mayor silencio y la mayor oscuridad de la noche.

La misma tierra bajo nuestros pies, nos ofrece su horizontalidad para el descansado olvido de nosotros mismos. Para soñar dormidos o en duermevela.

Sólo cuando una persona haya dormido profundamente y vaciado todo el pantano de sueño acumulado durante la actividad de las jornadas, es cuando se levanta renovada con ánimo prístino, con fuerzas límpidas para emprender con gozo y eficacia una nueva, que es otro gran regalo que se nos hace.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

La madre de los Zebedeos pidió a Jesús que cuando Él fundara su reino, sentara a su derecha y a su izquierda, a sus hijos –los apóstoles Santiago y Juan. Cristo le respondió «el que quiera ser primero que se haga último».

Jesuscristo proclama en este pasaje una virtud que es esencial a todo cristiano para ser de verdad ciudadano de este Reino de Dios que trajo a la tierra, como antesala del Reino en plenitud de los Cielos. Virtud que podríamos llamar de la «Ultimidad». ¡Hacernos últimos! Cosa que para nosotros no tendría que ser del todo difícil, pues si somos verdaderamente humildes, veremos tan claramente nuestras propias limitaciones –y pecados-, que correremos al último lugar, felices de poder estar en ese Reino de Dios, aunque fuere al menos en su umbral.

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corazon andanteEntramos en un nuevo año. Siempre, en estas fechas, nos felicitamos y nos deseamos lo mejor para el año que empieza. Abundan las expresiones como “que este año sea mejor que el anterior”, o “que sea un año lleno de bendiciones”… Más de uno, seguramente nos preguntamos que es lo qué deseamos o cómo soñamos que sean estos doce meses que como un abanico se irán desplegando.

Interiormente me surge el estar abierta a lo que la realidad me vaya presentando en el día a día y eso incluye, capacidad de contemplación y admiración. El papa Francisco hablaba recientemente del “saber detenernos en los lugares del asombro en la vida cotidiana”. Y uno de los lugares que señalaba era “el otro”. Ver al otro no como alguien ya archiconocido del cual no podemos esperar nada nuevo, sino como un ser único e irrepetible que siempre puede sorprendernos, del cual siempre podemos aprender algo… si estamos abiertos a contemplarlo con una mirada limpia de prejuicios.

Podríamos en este año hacer un itinerario o peregrinación por estos “lugares” del asombro. Empezar cada día con una actitud de receptividad y acogida a lo que la cotidianidad nos vaya ofreciendo. A veces nos ceñimos demasiado a los planes preconcebidos, a lo que la agenda marca, a los proyectos que hemos dibujado en nuestra mente, y cuando algo no previsto irrumpe en nuestra vida, nos cuesta demasiado flexibilizarnos y adaptarnos a esa circunstancia que no estaba considerada. En vez de verla como una injerencia no deseada en nuestros planes, podríamos verla como una oportunidad para crecer humanamente. Estar abierto a lo que la vida nos depara es aprendizaje de humildad, de no creernos una especie de semi-dioses que todo lo tienen controlado y nada puede quedar fuera de su supervisión o registro.

El asombro, la admiración, la contemplación de la realidad tal como se nos presenta es una buena actitud previa para poder afrontar con paz y alegría lo que tenga que venir. Saber integrar los imprevistos, las situaciones inesperadas, las contradicciones o, incluso, circunstancias dolorosas de enfermedad o muerte, son signo de una verdadera salud global.

Días atrás iba en el tren y se subieron al vagón, por distintas puertas, tres músicos. Dos de ellos iban juntos, tocaban juntos. El tercero, se notaba que no. Cada uno de ellos llevaba un instrumento distinto. Pensé que se iban a poner de acuerdo para tocar primero unos y después el otro o al revés. Pero no fue así. Se intercambiaron unas sonrisas, se juntaron, musitaron unas palabras… y empezó a sonar la música. Uno con el acordeón, otro con la guitarra y el tercero con el contrabajo, nos ofrecieron a los pasajeros un improvisado concierto… y no sólo eso. Yo diría que lo más hermoso fue el espectáculo que nos ofrecieron de integrar lo inesperado y ser capaces de crear una bella sinfonía de música y vida.

Lourdes Flavià Forcada

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Un gran hombre tenía un hijo. No había escatimado ningún esfuerzo para que se pareciese a él. Este gran hombre, anhelaba tener nietos y deseaba que su hijo se casara con una mujer que conocían, de gran belleza, muy inteligente, sana, con exquisita educación y hasta muy elegante.

¡Qué nietos tan maravillosos podrían tener de este posible matrimonio!

Pero su hijo se dejó enamorar por una «mujer de la vida» y determinó casarse con ella.

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¡Todo un Dios dentro de mí!
¿Por qué vinisteis, Señor,
si tanta gloria y honor
yo jamás los merecí!

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