Alfredo Rubio de Castarlenas

No; no es una sigla o emblema de un nuevo movimiento revolucionario, al estilo del M-19 de la guerrilla colombiana, o de otros muchos que existen.

Es precisamente el nombre de algo insustituible para hallar la paz, la dignidad humana perdida y el gozo de la existencia.

Todos sabemos que cuando los médicos logran al fin hacer un diagnóstico preciso del enfermo, se ha recorrido la mayor parte de su curación. Queda sólo aplicar correctamente las terapéuticas que ya se sabe que son las oportunas y eficaces para esa precisa dolencia.

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Por Mari Carmen Aranda

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Hace 25 años que sentí la necesidad de cambiar la que era mi profesión por una en la que pudiera ayudar a las personas. Para eso, me formé como “trabajadora familiar” dedicándome al cuidado de personas mayores dependientes (en diferentes grados) en sus domicilios.

Pensaba en todo lo que yo podría aportar a esos ancianos que necesitaban ayuda, ya fuera para la higiene, vestirse, salir a pasear, hacer la compra y la comida, o simplemente dar compañía y conversación. Lo que no podía ni imaginar era que la experiencia que iba a vivir con cada uno de ellos iba a ser altamente enriquecedora a nivel personal… ¡He aprendido tanto de ellos!

Al principio, hacía varios domicilios en un mismo día (un par de horas con cada uno de ellos) y cada mañana hacía el recorrido por todos. De esa época tengo bonitos recuerdos con cada uno de ellos.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Redescubrir la vida, pero más profundamente. Y para ello las ciencias antropológicas se han dado cuenta de que deben trabajar interdisciplinarmente entre ellas y con las otras ciencias. Cada científico debe aprender los códigos de lenguaje que emplean los de otras ramas del saber, pues ¡cuántas veces las mismas palabras tienen significados diversos en una ciencia u otra!

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Llevaron al niño a visitar a su abuela para que viera el estirón que había dado al rondar los siete años.

Aquella vivía en una casa grande, con buenos y bellos muebles antiguos, cuando menos del siglo pasado.

Saludos, besos, golosinas... Mientras sus padres hablaban con la abuela, el niño, correteando, descubrió que uno de los sillones isabelinos de la sala estaba desfondado, quizás porque había sido el más usado por ella durante largo tiempo para ver la televisión. Las tiras de esparto colgaban y asomaban las espirales metálicas de los muelles.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

En nuestras culturas tiene un significado distinto la reunión de estas dos palabras: hombre y grande, según que el adjetivo se ponga antes o después del sustantivo.

Decir «un gran hombre», «una gran mujer», expresa nuestra admiración hacia alguien por sus hechos o cualidades. Por el contrario, decir un hombre o una mujer grande es algo peyorativo, es señalar que este ser humano es anciano, está ya en el declive de sus facultades.

Otra cosa es cuando este adjetivo, aunque pospuesto a un nombre propio está sustantivado a su vez, cosa que ocurre con Reyes especialmente, por ejemplo: Catalina la Grande o Pedro el Grande. Aquí esta palabra adquiere aún un mayor sentido pleno de grandeza.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Yo soy un ciudadano que soné gozosamente la bocina del coche que conducía, sumándome a tantos otros en toda la ciudad de Barcelona, aquel histórico mediodía del 17 de octubre en que fue designada nuestra capital para ser sede, en el 92, de los Juegos Olímpicos.

El deporte en limpia competitividad y en pleno vigor de la juventud, de hombres y mujeres, es un luminoso signo de la aceptación sin maniqueísmos de la globalidad de la persona humana –cuerpo, inteligencia y libertad–. Y puede ser un cauce ubérrimo para el mutuo conocimiento de los pueblos del mundo y de un futuro de mayor paz y fiesta.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Las personas mayores –que ya han alcanzado la jubilación pero que se mantienen aún lúcidas– son conscientes de que han visto casi todo, lo han vivido y acumulado experiencias de toda índole: han amado –y también a veces odiado–; que han practicado el abanico de virtudes –y sus sombras, los vicios–; que han llegado a una cota de su vida de decantada sabiduría. ¡Ahora, gracias a todo ello, es cuando están más aptos para vivir y actuar en este mundo e incluso poder orientar y ayudar a los demás!

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Era una anciana que pedía limosna. Aunque hiciera calor, ella sentía frío. Empezaba el otoño y sabía, por experiencia, cuánto se le agarrotarían las manos en el invierno. Casi nos las podría mover.

Había visto y revisto en el escaparate de una tienda guantes de lana, gordos, de diversos colores. Un día, venció sus reparos y se atrevió a entrar en ella, a pesar de su vestimenta vieja, un tanto andrajosa y suponía que maloliente, aunque ella no lo percibiera.

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