Alfredo Rubio de Castarlenas

En un reciente artículo en estas mismas páginas, hablábamos de que nos hemos de amar unos a otros como Dios Padre nos ama. Por tanto, ese mutuo amor que nos hemos de tener ha de estar impregnado de todos los matices de abnegación, lealtad y perseverancia que son características precisamente del amor de padre. Y decíamos asimismo que San José era preclaro patrón y ejemplo de este saber amar con amor paterno.

Pues bien, después de esto parece oportuno también hablar del «amor de hermanos». Con gran frecuencia se pone en la Liturgia para estimularnos a una cristiana unidad, el ejemplo del amor fraterno. Sí; ¡Amarnos como hermanos!

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Alfredo Rubio de Castarlenas

¡Qué difícil es encontrar unos padres que realmente se amen! Tantos motivos tiene la gente para casarse que no son amor; en tantas ocasiones, la sociedad y las familias de las que se proviene, buscan sus propios intereses y presionan e influyen sobre un joven matrimonio entorpeciendo su desarrollo; en la misma vida de los matrimonios, buscando (¿) que éstos perduren, se ha establecido dominio de alguno de ellos sobre el otro, con sus correspondientes desavenencias; se ha producido también la reacción, a veces exagerada, del feminismo; las exigencias del trabajo de cada uno limitan y dificultan la convivencia... ¡Qué pocas parejas habrá en el mundo que se amen en plenitud, con equilibrio, con libertad!

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Alfredo Rubio de Castarlenas

No es una horrenda sigla de éstas que hoy, por superabundantes, aún resultan con frecuencia más incomprensibles. Es una abreviatura que de todos modos tiene significado en sí. Kine, en griego, es la raíz que significa movimiento; por lo tanto sugiere algo vivo, cambiante, sorprendente.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Algunos amigos míos, escépticos de vocación y oficio, me han preguntado a veces por el «mensaje» –si es que hay alguno– de Lourdes, pues todo lo que allí acontece les parece folklórico y harto anacrónico.

A pesar de haber estado yo allí varias veces, no podía responderles con exactitud. Recientemente asistí de nuevo acompañando a otros amigos; por primera vez me fijé en una lápida grande, de mármol, colocada en la roca vecina donde numerosos grifos distribuyen la famosa agua. Tiene grabado, precisamente, lo que aquella Señora le dijo a Bernardette, según ésta contó: que era la Inmaculada Concepción y, por tres veces, que urgía a la gente conversión; y mandaba a la niña tres cosas: que besara la tierra, bebiera y se lavara con aquella agua que fluía cerca y que comiera hierba. Cosas que Bernardette ejecutó ante el asombro e irrisión de muchos de los presentes.

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Convivencia es vivir acompañado.
Sin otros, nuestra infancia hubiera muerto.
El hombre no es salvaje. Es un huerto
de intercambio de amor bien conversado.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

El Derecho vigente en la mayoría de los Estados occidentales tiene su origen en el Derecho romano y siguen, en gran parte, basándose en él.

Y habría que discernir mucho.

Deberíamos recordar que aquel Derecho surge en una sociedad en que los ciudadanos libres poseen una gran cantidad de esclavos, es decir, individuos que, precisamente, no tienen ningún derecho. ¡Qué fácil es así organizar una estructuración institucional de derechos entre unos selectos, una «elite»! Se cita por los historiadores que en algún estado-ciudad para trescientos mil ciudadanos había tres millones de esclavos. Por otra parte, el Derecho casi siempre lo han elaborado los vencedores, los más fuertes, y lo han redactado principalmente para su conveniencia y gloria. Por ejemplo, ¡cuánto defienden a rajatabla el derecho a la propiedad privada!

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hqdefaultRamon Llull es un místico y sabio nacido en Mayorca en el siglo XII y muerto hace 700 años a muy avanzada edad. Ramon, después de un proceso de conversión, decidió dedicar su vida a difundir el mensaje de Jesús, convenciendo a toda persona acerca de la verdad que él había encontrado. Llegó a escribir una cantidad enorme de libros y a traducirlos él mismo para propagar sus enseñanzas. A través de la combinación de valores y virtudes elaboraba razonamientos y señalaba evidencias que querían convencer sobre las verdades cristianas.

Uno de los libros que redactó y que contiene una fuerte intensidad mística es el Libro de Amigo y Amado. Este libro es una colección de aforismos o pensamientos breves, muchas veces redactados en diálogo, que evocan la relación del ser humano y Dios. En estos aforismos se exponen situaciones donde se cuestiona qué es y cómo es el amor de Dios -el Amado- hacia la persona -el Amigo- y viceversa. El camino del místico es encarnar la unión con Dios. En este sentido, el Libro de Amigo y Amado, nos hace mirarnos en el espejo del Amigo para contemplar cada uno nuestra relación con el Amado.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Llevaron al niño a visitar a su abuela para que viera el estirón que había dado al rondar los siete años.

Aquella vivía en una casa grande, con buenos y bellos muebles antiguos, cuando menos del siglo pasado.

Saludos, besos, golosinas... Mientras sus padres hablaban con la abuela, el niño, correteando, descubrió que uno de los sillones isabelinos de la sala estaba desfondado, quizás porque había sido el más usado por ella durante largo tiempo para ver la televisión. Las tiras de esparto colgaban y asomaban las espirales metálicas de los muelles.

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Alfredo Rubio de Castarlenas


El espejo era un adminículo más para afeitarme, como la máquina eléctrica o la loción «after-shave».

Pero hoy me fijé en mis ojos. Me miré como cuando uno mira a los ojos de otra persona, poniendo en esta mirada el alma y estableciéndose con «ese otro» una conversación profunda sin necesidad de palabras. Hoy, sin saber por qué, me he mirado así. He establecido conmigo mismo un diálogo hondo que me ha llegado, con cierto escalofrío, a la misma consciencia.

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Joe: Tante me dice que esta noche
te escriba un verso.
¡Tu última noche de Diácono!
mañana serás ya
un sacerdote nuevo.

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