Ya tienes veinte años
Alberto.
Se tiene una vez
solamente a lo largo de la vida,
aunque se tienen
para siempre en el Cielo.

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¿Te acuerdas
–amigo grande–
cuando de chicos íbamos al circo?
Había aquellos hombres
que montaban sobre una sola rueda;
recorrían frenéticos la pista,
parecía que iban a caerse
¡y no caían!

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Hace pocos días, invitado por unos amigos, estaba en un hotel maravilloso de uno de estos pueblecitos de montaña andorranos que, en invierno, son base desde donde ir a esquiar a las diversas pistas vecinas y ahora, en verano, son jolgorio, descanso, piscina y tenis.

La última noche asistí al reparto de trofeos de un campeonato de este deporte que se había organizado entre los huéspedes del hotel, muchos de los cuales se conocían de anteriores veranos. La copa principal se la llevó un joven catalán, y la de juniors un simpático treceañero francés. En los inevitables parlamentos de esa fiesta, entre pasteles y sangría, se recordó la frase del ex presidente de un club de tenis de Sabadell: «Viajando con una raqueta bajo el brazo, encontrarás siempre por todo el mundo, un amigo» Yo estaba encantado de ver, vivir, aquellos momentos de buenas relaciones y armonía entre los abundantes ibéricos y galos que compartían el hotel.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Todos sabemos que el principal y nuevo mandamiento de Jesús para la nueva ley es que «nos amemos». Pero en cierta manera esto ya lo decían también los judíos de la vieja ley: «ama al prójimo como a ti mismo». Sin embargo, todos somos conscientes de que el mandamiento de Jesús ha de encerrar algo verdaderamente nuevo. ¿Qué es?

Pues sí; lo que hay de novedad en él es algo tan grande que constituye, podríamos decir, una auténtica revolución copérnica respecto a aquel mandamiento de los judíos.

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Alfredo Rubio de Castarlenas


Mucha gente en Barcelona, como en tantos otros sitios, se levanta a las siete de la mañana. En el otoñal noviembre, a esas horas aún es de noche. Poco después empieza ya a amanecer. Terminado un apresurado y mínimo «breakfast» se sale hacia los respectivos trabajos. Unos lo empiezan a las ocho, otros a las nueve... Les quedan cinco horas hasta la llamada pausa del mediodía. Parece mucho tiempo, pero si se trabaja con intensidad, interés y vocación, pasa aprisa y, a veces, muy deprisa.

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Alfredo Rubio de Castarlenas

Algunos amigos míos, escépticos de vocación y oficio, me han preguntado a veces por el «mensaje» –si es que hay alguno– de Lourdes, pues todo lo que allí acontece les parece folklórico y harto anacrónico.

A pesar de haber estado yo allí varias veces, no podía responderles con exactitud. Recientemente asistí de nuevo acompañando a otros amigos; por primera vez me fijé en una lápida grande, de mármol, colocada en la roca vecina donde numerosos grifos distribuyen la famosa agua. Tiene grabado, precisamente, lo que aquella Señora le dijo a Bernardette, según ésta contó: que era la Inmaculada Concepción y, por tres veces, que urgía a la gente conversión; y mandaba a la niña tres cosas: que besara la tierra, bebiera y se lavara con aquella agua que fluía cerca y que comiera hierba. Cosas que Bernardette ejecutó ante el asombro e irrisión de muchos de los presentes.

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Convivencia es vivir acompañado.
Sin otros, nuestra infancia hubiera muerto.
El hombre no es salvaje. Es un huerto
de intercambio de amor bien conversado.

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Retiro «El cuido de la creación: Francisco de Asís y Alfredo Rubio. Sintonías»

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Del 7 al 10 de octubre de 2016 se ha realizado en la Murtra Santa María del Silencio un retiro espiritual para ahondar acerca del cuido de la creación a partir de la vida y pensamiento de Francisco de Asís y Alfredo Rubio.

Durante estos días hemos podido adentrarnos y profundizar en temas como:

    la alegría de existir
    fraternidad existencial
    pobreza / humildad
    minoridad /ultimidad
    cuido de la creación / caseidad
    paz y bien / paz y fiesta
    oración / cartuja 

Todo ello en el bello marco del desierto y gozando de amplios espacios de soledad y silencio personal. Hemos podido constatar que aún con la distancia de tiempo entre un autor y otro – Francisco (siglo XII-XIII) y Alfredo (siglo XX), y viviendo cada uno en circunstancias históricas, culturales, sociales y religiosas tan disimiles,  las sintonías son evidentes. Ambos, desde su anclaje en Dios y su amistad de intimidad con Jesucristo, nos han abierto perspectivas de un mundo nuevo y fraternal con todo lo creado. 

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¡El difícil oficio de ser hombre!
no menos duro que el de ser mujer.
Si el femenino amar es laborioso
igual clavar (?) gozosamente bien.

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En la espera... se escriben cartas

Jesús, Amigo mío:
hoy te estoy escribiendo.
No sé por qué; me sale
así, sin más, de dentro.
El tener lejanías
aumenta los deseos
de verse los amigos
que se están escribiendo.

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