Natàlia Plá Vidal

EDITORIAL NOVEMBRE 2016red

En esta era de la información en que navegamos, vamos tomando conciencia de sus aspectos menos gratos. Datos que nos inundan y nos abruman, novedades fugaces, continuos fogonazos en forma de titular. Recuperaba estos días una entrevista a Zygmunt Bauman de hace unos pocos años. En ella reconocía haberse dado cuenta de que el exceso de información era peor que la escasez que en su juventud había lamentado.

El mundo contemporáneo, deslumbrado por la cantidad, no atiende la importancia del conocimiento que implica la capacidad de manejar, digerir, administrar, relacionar, interpretar y, al fin, poder captar cuándo, cómo, por y para qué es realmente valioso un contenido.

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2018 02 Febrer redJosep M. Forcada Casanovas

Es abismal el cambio realizado en los medios de comunicación en los últimos cien años. Desde el pregonero que a voz en grito comunicaba las noticias publicadas en los ayuntamientos y en las iglesias, hasta un amplio recorrido de novedades técnicas: la prensa escrita, la radio, la televisión, etc. y ahora las redes sociales. Todos influyen en la opinión tanto en positivo como en negativo. Los medios clásicos han sufrido épocas de censura institucional por motivos políticos, religiosos o militares entre otros, en que el comunicador se debe al dueño del medio –público o privado– que tiene sus controles más o menos decisorios, para responder según la ideología que hay detrás.

Con los Colegios de Periodistas han aparecido los códigos de ética profesional que son profundamente útiles para responder a la veracidad de las noticias o pensamiento de quienes redactan artículos de opinión. Quizás el sector radiofónico y el de las tertulias son más difíciles de controlar. Cabe constatar que este género comunicativo es un potente reflejo de la diversidad de opiniones sobre un determinado tema. Estos son tratados por los llamados «expertos», a pesar de no ser expertos en todo.

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1280px University of Salamanca Fray Luis de LeonPublicado en Mgmagazine 

Internet ya permite acceder a un curso de Harvard desde el pueblo más remoto del planeta. Y eso lo cambia todo. La revolución digital transformará por completo un sistema universitario que ahora ya arrastra problemas. Las facultades acogerán a estudiantes de diferentes edades y nacionalidades mientras que la educación virtual ganará terreno. La competencia será global. Y será feroz.

¿Cómo será la universidad del futuro? ¿Se impondrá el modelo virtual frente a las clases presenciales? ¿Se democratizará o será cada vez más elitista y superespecializada? ¿El sistema público es económicamente sostenible? ¿Cuál será la influencia del mercado? ¿Se mantendrá la tradicional relación entre enseñanza e investigación? ¿Cómo afectarán los cambios demográficos? En el universo académico hay confluencia en la necesidad de repensar la educación superior, pero las respuestas a estos interrogantes aún están lejos de generar consenso.

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