El silencio puerta de libertad

XLIº Coloquios de la Ermita.  Julio - Agosto 2018

Este año los Coloquios tuvieron una modalidad distinta, no concentrando todas las charlas en una misma semana, sino distribuyéndolas a lo largo de tres sábados en los meses de julio y agosto, para permitir la asistencia de personas que están presentes en otras fechas. 

El tema “El silencio, puerta de libertad”, muy adecuado a los objetivos fundacionales de la Ermita, incorporó tres conferencias breves, con vivo diálogo entre los participantes, a cargo de Pauline Lodder (Silencio y Creación), Remedios Ortiz (El silencio, una práctica saludable) y Tobias Rodrigues (El silencio en Jesús de Nazaret). Se celebró también en ese clima contemplativo, el Concierto de Arpa Paraguaya a cargo de Rubén Darío González, que nos regaló, con la belleza y el arte, un momento mágico de paz y sosiego. 

 

Silencio y Creación 

Pauline

Pauline Lodder hizo una hermosa meditación sobre el relato de la creación en el Génesis. Recordaba cómo Dios habla. Poco, pero habla. Y lo que dice, se cumple. O dicho de otro modo, cumple lo que dice. ¡Hemos de ser también nosotros así! Coherentes entre lo que decimos y lo que hacemos. 

Dios además contempla lo que ha hecho y confirma que está bien hecho. ¡No es perfeccionista! 

Se para a contemplar su obra. Y la bendice. Así nosotros deberíamos de pararnos de vez en cuando para ver qué hemos hecho, sin perfeccionismos, bendecir lo bueno y seguir adelante.

Y el séptimo día, Dios descansó. Dios nos invita a descansar. Al menos un día a la semana, frenar nuestro activismo. No seamos esclavos de la actividad, silenciémosla. Así seremos más libres. La auténtica libertad se inicia por un gran silencio.  El octavo día nos hace preguntarnos: ¿Qué hago con mi libertad? En primer lugar, hablar con Dios y escucharlo.

 

El silencio, un hábito saludable

PHOTO 2018 09 16 19 50 38Remedios Ortiz nos animaba a ir creando en nuestra vida cotidiana el hábito de tener espacios de silencio. Empezando por poco pero de manera perseverante, del mismo modo que se crea la buena costumbre de hacer ejercicio físico. En una sociedad donde el ruido y los estímulos son constantes en un bombardeo infinito, y la dispersión, estrés y agobio son casi normales, el silencio cotidiano es importante para la persona en su globalidad. Se recupera la serenidad, se acompasa más fácilmente la respiración, a veces después de un llanto liberador. Es un auxilio a la memoria, se cultiva la fortaleza, el altruismo, la atención al presente.

Unos consejos: empezar por tiempos breves e irlos ampliando; ayudarnos con música suave que nos vaya serenando; realizar algún trabajo manual sencillo; y sobre todo perseverar. Entonces seremos como buzos que van adentrándose en el océano y llegando a niveles más profundos de nosotros mismos. Sin miedo, y con ayuda de personas más expertas, podremos avanzar hacia una mayor profundidad en nosotros mismos y en la comprensión del mundo. Ese hábito de silencio ayuda cultivar y nutrir la dimensión espiritual de la que toda persona está dotada, independientemente de sus creencias religiosas.  En el caso de los creyentes el silencio propicia la relación  con la trascendencia a la q llamamos Dios y en el caso de los cristianos es un Dios Papá.  Para aquellos que no son creyentes el hábito del silencio será un ambiente propicio para intuir un misterio que a medida que se percibe se irá haciendo más cercano, más cálido y posiblemente se irá desvelando.

 

 

Tobias rec

El silencio en Jesús de Nazaret

El biblista Tobias Rodrigues interpeló a los participantes sobre varios pasajes del Evangelio que presentan a Jesús silencioso. Desde uno de sus momentos de oración solitaria en el monte, antes de elegir a los Doce, pasando por el episodio de la adúltera, en que escribió en el suelo y formuló sólo una pregunta, hasta el Tabor en que preparó para la pasión a sus discípulos más cercanos. Las preguntas eran: ¿por qué hacía silencio Jesús? ¿para qué lo hacía? ¿cómo lo hacía? Hubo diálogo y varias respuestas al respecto; ciertamente Jesús se iba solo para encontrarse con su Padre, para orar. También lograba, callando, que los interlocutores repensaran sus actuaciones. Y guardaba silencio, en el sentido de conservarlo dentro; no rompiéndolo de inmediato al estar acompañado. Nosotros también podemos guardar silencio y conservarlo por dentro, no teniendo que opinar de todo y sobre todo, hablando de cualquier cosa. El silencio se vuelve una manera de vivir con más humildad y conciencia de nuestros límites.

Leticia Soberón Mainero

 

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